Son de la familia de Álvaro Gil que ahora reclama su devolución
13 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.El Museo Provincial de Lugo no da a conocer a los visitantes a quién pertenece el valioso torques de Burela (una de las piezas estrella del centro museístico) y un grupo de seis destacados cuadros del pintor Corredoyra que están expuestos al público. La situación lleva a que los visitantes consideren que se trata de obras propias, como así las trató en los últimos años la Diputación Provincial, propietaria del museo, cuando en realidad corresponden a los herederos del mecenas Álvaro Gil que las cedió para su exposición.
En la sala donde se encuentran las piezas de oro están referenciadas todas ellas con la especificación de quién las cedió o a quién corresponden; sin embargo, nada se dice en el expositor del torques de Burela.
En otro de los locales, donde se expone pintura de artistas lucenses, hay seis cuadros del pintor Corredoyra que en su momento también cedió al museo Álvaro Gil. Entre estos están dos obras claves La Española, de 1925 y Fame en Lugo, de 1920. Ninguno de las obras refleja en sus carteles a quien pertenece la propiedad.
«En los libros de registro consta que corresponden a mi abuelo y no hay ni una sola prueba de que sean de la Diputación», destacó Carlos López, el portavoz de la familia Gil.
«Litigaban con nosotros y resulta que en muchos de los carteles de las piezas del museo hacen constar que son piezas de Álvaro Gil. Hay cartas firmadas de Cacharro dirigidas a mi abuela como propietaria de la colección. Luego la niegan en los tribunales. ¡De locos! Hay que ser sinvergüenzas», explicó Carlos López Gil.
El nieto de uno de los mecenas más destacados del Museo Provincial de Lugo también explicó diversos aspectos relacionados con la colección de pintura catalana que está almacenada sin exponer. Según aclaró en su momento Mario Outeiro, el diputado delegado de Cultura, la falta de espacio y el hecho de que no sean autores lucenses motiva que no puedan ser mostrados permanentemente al público. Sí lo fueron en exposiciones individuales.
«Explico lo de la colección de pintura catalana. Mi abuelo trajo a los pintores catalanes, con los que tenía amistad, durante varias semanas a Lugo. Les pagó la estancia y otros gastos y les encargó que pintaran varios cuadros. Algunos se inspiraron en motivos lucenses. Que yo recuerde así con rapidez hay uno de la plaza mayor», apuntó Carlos López Gil que entiende que la colección tiene su lucensismo. Precisamente una de las peticiones que hace la familia es la devolución inmediata de estos cuadros para que puedan ser expuestos en otro lugar.