Maestro, sindicalista y político, a Iglesias le gusta cerrar etapas en la vida
19 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Ourensano de Coles, un concello limítrofe con la capital, Xosé Manuel Iglesias no tenía vocación docente allá por sus años mozos. Aún así, su hermana también es profesora, por lo que achaca esta circunstancia «á idiosincrasia dos ourensáns, naquela etapa ou eras mestre, ou policía ou cura». No niega que en aquella época era inevitable el contacto con los curas, «e iso acababa imprimindo un carácter a esas xeracións».
Abandono de la docencia
En el año 87 Iglesias abandona la docencia para dedicarse plenamente al sindicalismo, en donde fue secretario xeral de la Federación de Ensino de la CIG. Solo volvió tres meses en el curso 2003-2004, pero no echó de menos esta profesión, «nunca me arrepentín de deixar de dar clases, porque lin moita socioloxía da educación e chegou un momento no que profesionalmente sabía que a capacidade para transformar socialmente o sistema educativo era escasa».
Xosé Manuel Iglesias Iglesias.
63 años.
Maestro prejubilado, ex concelleiro, ex sindicalista.
«Porque a recuperación do Sarela foi unha obra colectiva e aínda que non foi a máis importante foi un orgullo conservar e mellorar esta herdanza».
Xosé Manuel Iglesias estudió Magisterio y comenzó su vida laboral en Ubrique, en Andalucía. Aquí no había oposiciones y consideró que era la mejor opción «porque sempre tiven na cabeza traballar na pública». De sus padres, él ebanista y ella ama de casa, heredó ya cierta conciencia social. No es que militaran pero en su casa se escuchaba radio Pirenaica, eran progresistas, «e nunca responderon ao patrón galego dos anos escuros do franquismo de moverse polo amigo ou polo cacique». Otra cosa le enseñaron, recuerda Iglesias, «a andar e traballar ao mesmo tempo».
De Ubrique se fue a Barcelona, en donde trabajó en la enseñanza pública, en la privada, y en la banca, siempre en departamentos de promoción económica. De sus años catalanes, en donde nació ya su primer hijo, no tiene más que buenos recuerdos, hasta el punto que pensó en quedarse allí. «Eu aprendín a ser galego en Cataluña -dice-, o cariño polo noso e polo propio». Nunca se vio apartado, sino que le ayudaron a introducirse en la cultura catalana.
Desde que estudió la carrera fue siempre elegido representante de alumnos o miembro de los equipos directivos de los colegios en los que trabajó, lo que definió la que sería su futura trayectoria profesional. Fue en Cataluña cuando en entró en contacto con el nacionalismo gallego en sus visitas a Galicia, de la mano de Manuel Cao y Bieito Iglesias, que además le dejaron dos libros importantes en su devenir, Sempre en Galiza de Castelao y Conflicto lingüístico e ideoloxía en Galiza, de Francisco Rodríguez.
En 1976 regresó. A un colegio de Oímbra, en Verín, «foron dous anos moi intensos, porque traballamos a reo para dinamizar cultural de deportivamente o centro. Adicamos corpo e alma». Aún tardaría Xosé Manuel Iglesias en afincarse en Santiago. Estuvo en Cambeo (Coles), en la montaña de Lugo, y ya en Compostela tuvo destino en Valga, Cordeiro, Os Tilos y finalmente en Cacheiras. Pero cuando llegó a Santiago «xa estaba decidido de facer unha vida en política». Lo hizo en 1999, formando parte de un bipartito que considera modélico, y en el que se continuó con la planificación del ex alcalde Xerardo Estévez y con la aportación del BNG, «que lle deu un contido social e moi progresista en cultura ou medio ambiente», explica.