Héroes con patas surgidos del horror

Unos canes que sufrieron un infierno en Rianxo viven ahora felices


ribeira / agencia

A veces no hace falta recurrir al cine americano para encontrar historias con finales felices. Las hay más cerca. Una de ellas comenzó a gestarse este invierno en una aldea pequeña de Rianxo llamada Villanustre. Paradójicamente, todo empezó como una gran tragedia. El día 12 de abril, Seprona y Policía Local irrumpían en una vivienda de esa población para sacar del infierno a 19 perros. Eran canes que vivían en las peores condiciones que uno se pueda imaginar; hacinados entre heces y esqueletos de animales muertos, comidos por las garrapatas... Un auténtico horror que encima se repetía, porque a esa misma familia ya le habían retirado otros 130 ejemplares en el 2008 en una situación idéntica. De ahí surgieron historias preciosas; tan bonitas que merecen ser contadas.

En el año 2008, cuando de esa casa salieron 130 animales, la mayoría terminaron por sacrificarse. Pero este invierno la cosa fue distinta. Se actuó de la mano de dos asociaciones, Vox Ánima y Moura, que empezaron a mover ficha a la velocidad de la luz para intentar que esos 19 perros tuviesen una segunda oportunidad. Como recuerdan desde esos colectivos, que los medios de comunicación se hiciesen eco del horror que habían sufrido los animales acabó derivando en una marea de solidaridad; protectoras de toda Galicia se volcaron para dar cabida a los cachorros. También fueron para casas de acogida. En pocos días todos tenían destino, aunque fuese temporal.

«Se me encogió el alma»

Quienes respondieron a la llamada de auxilio de esos animales lo hicieron, sobre todo, gracias a una imagen: la del perro Julián. Él fue el que logró que se descubriera todo y quien además le puso cara al horror que se vivía en la casa de Villanustre. ¿Por qué? Resulta que este can llegó a estar tan mal, con la piel tan destrozada y con unas heridas tan espantosas que las propias dueñas de Rianxo, pese a estar acostumbradas a tener los ejemplares en unas condiciones muy precarias, decidieron llevarlo al veterinario. El profesional al que acudieron les dijo que el perro necesitaba atención urgente. Ellas se marcharon. Pero alguien las vio y dio la voz de alarma. Sin embargo, antes de que se actuase, las mujeres en cuestión raparon el animal, provocándole numerosos cortes; la imagen del perro con tajos por todo el cuerpo que hicieron públicas las protectoras provocaba dolor de corazón.

Precisamente, eso fue lo que le pasó a la viguesa Lourdes Souto cuando vio la imagen y leyó en Internet la historia de Julián: «Se me encogió el alma, el corazón y todo. Pensé que ese perro tenía que abandonar el infierno, no se merecía estar en protectoras ni en ningún sitio que no fuese un hogar». Así que Lourdes no se lo pensó. Se vino a Boiro, donde Julián ya había sido dado de alta en una clínica en la que tuvo que estar hospitalizado una semana, y se lo llevó a Vigo. Así de sencillo. Y así de enternecedor.

Lourdes fue advertida de que la mayoría de los perros que salieron del infierno rianxeiro padecen secuelas psicológicas. Tienen mucho miedo, dificultad para las relaciones sociales... Así que se preparó para las reacciones que pudiese tener Julián. Pero ahí el cachorro demostró que es un superviviente. Porque se adaptó divinamente a su nuevo hogar. Juega de lo lindo con su hermana perra y sus hermanos gatos. Dice Lourdes que solo necesitaba «mucho cariño». Y, por las palabras de esta mujer, que habla de él como de un hijo, está claro que de eso anda sobrado. Un único dato que lo confirma: Julián ahora se llama Rocko, dice Lourdes que «vida nueva, nombre nuevo, empezamos de cero en todo».

«Kangurita» y «Nacho»

Puede que la historia de Julián se lleve la palma. Pero tampoco le van a la zaga las de Kangurita y Nacho, también salidos del horror rianxeiro. Ambos fueron a parar a la protectora de Cambados. A la primera le pusieron ese nombre porque no era capaz de apoyarse en las patas delanteras: «Tenía tantas garrapatas incrustadas en las patas y las uñas dándole vueltas que andaba sobre las patas de atrás. La sedamos nada más llegar y acabamos llorando al ver que incluso dormida tenía espasmos cuando le tocábamos. Tenía un dolor espantoso». Kangurita espera ahora a que llegue una adopción. Dicen desde Cambados que es un amor de perra, otra superviviente nata. En el centro estuvo también Nacho. Él también vivió aquella pesadilla, de la que salió muy asustado. Y tuvo mucha suerte. Nacho enamoró a una voluntaria alemana de la perrera, que a mediados del mes de julio se lo llevó al país germano. Hasta ahí, la historia bonita de los perros de Rianxo. Queda contar la parte menos amable: la de los canes que, como Kangurita, esperan a que alguien los convierta en su familia. Están en distintos lugares. Unos permanecen en las casas de acogida de Moura. Otros están en refugios de A Coruña, Cambados, Porriño, Pontevedra... Adoptar a estos canes permitiría afirmar rotundamente eso tan bonito que dice que de lo malo sale algo bueno.

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