Una familia sin techo se aloja en la mítica sala Pay Pay de Vilalba
12 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Un lugar curioso para una historia singular. La discoteca Pay Pay de Vilalba ha sido okupada por una familia durante semanas. Acuñada en sus comienzos como Sala Ventoeira, actualmente permanece en estado de abandono. La familia se había asentado sobre los rescoldos de la antigua sala de baile, un edificio al menos peculiar para vivir. Recibían visitas con asiduidad, de forma que la familia aumentaba durante el día.
Con la mirada reticente de los vecinos, transcurrieron semanas en las que el bienestar del vecindario se iba resintiendo poco a poco. La música extremadamente elevada de vez en cuando, una riña subida de tono, las ruedas del coche desgastándose contra el pavimento y algún otro incidente, trastocaron la tranquilidad del vecindario de la llamada Ventoeira. Mientras tanto, todos comentaban con la intranquilidad propia de quien desconoce lo que está ocurriendo a sus puertas. La situación que se había creado llenaba de incertidumbre los edificios y bares de la zona. Sin embargo, nadie se imaginaba que aquello colmaría la paciencia de alguien, o quizás sí.
La última noche que la familia estuvo bajo la discoteca en ruinas, fueron horas un tanto complicadas. Las visitas de aquel día, al parecer, merecían mayores festejos. La música siguió ascendiendo, bailes, gritos... buena reminiscencia de García Lorca con su Romancero Gitano, pero mala mezcla con la apaciguada comunidad allí residente.
Los vecinos no podían conciliar el sueño, y muchos de ellos tendrían que acudir al trabajo por la mañana temprano. Los horarios de los nuevos inquilinos no compatibilizaban con la comunidad próxima a la discoteca. Una llamada a la Guardia Civil en torno a las dos de la madrugada concluyó con el malestar acumulado. Los ruidos cesaron y la tranquilidad volvió a envolver la Ventoeira.
Ante toda falta de entendimiento, se ha de tomar una decisión, y la familia decidió seguir su camino hacia otro lugar, aunque parecían ya habituados a su más que curioso hospedaje. Tan a gusto, que se llevaron las puertas, ante el enfado del propietario, que denunció su desaparición a la Guardia Civil.
La discoteca que había visto crecer a toda una generación se quedaba desnuda. Abierta en el año 1976, esta sala de baile fue el lugar de encuentro de la juventud vilalbesa durante años. Probablemente, la Pay Pay haya visto iniciar con sus ojos alguna que otra relación, desengaños y bailes descontrolados. Pero no solo eso, en el mismo lugar donde los papás de Vilalba se divertían, sus hijos desfilaban años después en cada fiesta de carnaval. Sin duda alguna, la discoteca enmarca muchos recuerdos de vilalbeses.
Quién iba a pensar que un lugar que se rememora con especial nostalgia iba a acarrear algún problema. Pero ya se sabe, quien tenga buen asiento, no haga movimiento.
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