«Mi principal pasión es la paternidad»

María Jesús Fuente Decimavilla
María Jesús Fuente VIGO / LA VOZ

FIRMAS

Oscar Vazquez

Con ocho años representó su primer papel en el García Barbón y se olvidó la frase

03 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Si algo caracteriza a Julián Rodríguez es la sinceridad y la ausencia de petulancia. Una y otra hacen que la conversación con este actor vigués despierte interés hasta el punto de enganchar. Su primera representación tuvo lugar en el teatro García Barbón con ochos años. «Una compañía me cogió para hacer el papel del niño que vende ambientadores de pino en la obra de Jardiel Poncela Eloísa está debajo de un almendro; tenía que decir una frase, se me olvidó, la dije mal y la gente se rio muchísimo. Entonces me dije: ?esto es lo mio?». A día de hoy tampoco se acuerda de la frase que marcó su destino: «No me acordé entonces, no la iba a recordar después de 26 años», comenta.

No menos precoz fue su primer papel como protagonista. «El actor que representaba a don Juan Tenorio enfermó y no se podía suspender la obra en el García Barbón; recuerdo que me pintaron la perilla con rímel».

Hizo teatro aficionado y dirigió durante cinco años el de la Universidad de Vigo. Tras pasar por varios medios de comunicación, se metió de lleno en el mundo profesional con varios proyectos a la vez. Estuvo casi cinco años con Fulano, Mengano y Citano, trabajó con la Fura dels Baus y fundó la compañía Lope de Vigo, de la que era director, gerente, actor, productor y todo lo que hiciera falta. Hace un par de años tuvo que echar el candado como consecuencia de la crisis.

Recuerda con mucho cariño y nostalgia cuando se podía fumar en los teatros. «Eramos los actores rebeldes y se nos permitían ciertos lujos; ahora somos productos manufacturados».

Limitado por su formación específica como filólogo, en cuya carrera es licenciado, decidió estudiar dirección y seguir luchando. Es posgrado en arte dramático y dirige un proyecto de fin de carrera sobre una obra de taekwondo. Por eso, su rincón no podía ser otro que la Escuela Superior de Arte Dramático de Vigo, en la que pasa horas y horas. «Soy una persona del arte dramático gallego; prefería escoger un teatro, pero con la crisis del sector... Menos mal que nos ha acogido la escuela y así estamos entre compañeros y lo llevamos mejor».

Sobre el futuro de esta escuela añade que la ve joven y con ilusión y espera que sobreviva a los momentos actuales porque le parece necesaria.

Julián Rodríguez tiene muchas pasiones, pero la principal, dice «es la paternidad; a ella le dedico tiempo y el de mayor calidad».

El voluntariado social es otra de sus dedicaciones desde hace años. Ha ayudado a niños con parálisis cerebral y en el comedor social de Sereos. «Para mí cualquier tipo de militancia social vale la pena, eres libre y haces lo que quieres; cualquier persona que colabora contigo hace que no te sientas solo; cuando las cosas van mal, la gente decente se siente incómoda».

Una de sus últimas colaboraciones ha sido para la gala celebrada el viernes en el teatro García Barbón con fines benéficos. Tiene proyectos, pero prefiere no hablar, «porque es un mundo complicado».