Miguel Solla es de esos tipos que cuando te invitan a su casa te ofrecen lo mejor que tienen. Y eso, en su caso, es decir mucho. Porque en A Casa de Miguel si algo abunda es producto de calidad. Se mire por donde se mire. Desde el expositor de quesos, jamones y conservas de la planta inferior a la espectacular nevera de pescados y mariscos que preside el comedor, pasando por las carnes y, por supuesto, la bodega.
A, literalmente, dos pasos de la plaza de Fefiñáns, A Casa de Miguel son en realidad dos espacios que no solo conviven en armonía sino que se complementan en sus propuestas. La planta inferior se plantea como tapería, vinoteca y, la clientela así lo ha querido, punto de encuentro de una nutrida representación de la sociedad cambadesa, en no pocas ocasiones relacionada con el mundo de la gastronomía y el vino. La planta superior alberga un comedor con una docena de mesas y un pequeño reservado, ambos ajenos al animado y distendido bullicio que se vive escaleras abajo.
Pero el palpitar de ambos espacios es consecuencia del intenso quehacer del auténtico corazón de la casa, la cocina, desde la que Miguel ejerce con honradez, pasión y sabiduría a partes iguales. Una cocina sencilla, sin artificios, basada fundamentalmente en la plancha y en la excelsa calidad del producto. «O produto é o cen por cen», nos dice. Tuvimos ocasión de corroborarlo cuando nos enfrentamos a la espectacular bandeja de pescados a plancha-el plato estrella de la casa- servida siempre al centro de la mesa para ser compartida. El contenido de tan desbordante propuesta lo decide cada mañana la oferta de la lonja de Cambados, si bien priman pescados no demasiado frecuentes en las cartas cercanas, como el sanmartiño, el coruxo, la dorada del Atlántico o el lenguado y el rodaballo salvaje.
Otro tanto ocurre con los mariscos, principalmente de concha. «Cómprollo todo a Laureano», nos advierte. Sinónimo, por tanto, de calidad y frescura garantizadas. A lo que Miguel añade mesura en el precio. Así, ese disfrute que siempre supone la combinación de una botella de albariño y una docena de ostras no se va más allá de los 16 euros.
Pero aunque los pescados son los que han aupado a A Casa Miguel a un estatus de merecido reconocimiento en la gastronomía cambadesa, no le van a la zaga las carnes. La selección que la casa oferta incluye el secreto y la presa de cerdo ibérico, la chuleta o chuletón de ternera gallega y el chuletón de buey. También servido con su debida parafernalia al centro de la mesa sobre un plato de barro caliente.
Hará bien el comensal en reservar una última capacidad de disfrute para los sublimes postres, honor que corresponde a Tere, creadora de una delicadísima tarta de la abuela llena de contrastes o de la de tres chocolates, el flan de café y alguna que otra tentación casera que, desde luego, no conviene pasar por alto.
Pero, como dijimos, A Casa de Miguel también ejerce de tapería. Y ahí discurre por territorios más convencionales aunque partiendo de las mismas premisas, la exquisita calidad del producto, bien sea en las tostas, las tablas, los revueltos, las brochetas o cualquiera de sus raciones. Una premisa que se respeta hasta en las tapas de cocina con las que a diario acompaña los vinos.
La bodega es otra de las pasiones de Miguel Solla. Y no la esconde, desde luego. Aflora por todos los rincones de la casa, con una selección de marcas -especialmente en el apartado de albariños- que denota que la carta de vinos no es fruto de la oferta comercial que le llega sino de un criterio tan acertado como bien definido.
Comer en casa siempre nos resulta gratificante. Comer en la de Miguel lo ha sido doblemente.
FICHA
LOCALIZACIÓN
C/ Real, 14. Cambados. Tlf. 648 504 246
CIERRA
Los lunes (hasta las 19 horas)
MENÚ PARA DOS
Zamburiñas a la plancha; Tostas variadas; Pescado del día o carne a escoger; Variado de postres; Botella de Albariño. Precio: 55/60 euros
EN CLAVE PERSONAL
SOLO BLANCOS DE O SALNÉS
En A Casa de Miguel no hay más blanco que albariños de O Salnés. «Home, estando onde estou sería un cachondeo meter unha botella de Ribeiro, ¿non?»
EL MEJOR CONSEJO
Reconoce Miguel que su mejor maestro no fue ningún cocinero ni el profesor de ninguno de sus cursos sino un cliente amigo al que siempre pedía opinión. «El deume o mellor consello que recibín na miña vida. Díxome que levara sempre a miña idea. De atrás a adiante. E iso é o que estou facendo»