«Se a alguén non lle gusta o café é que non probou o axeitado»

Elisa Álvarez González
elisa álvarez SANTIAGO / LA VOZ

FIRMAS

monica ferreirós

Mientras bares y locales comerciales abren y cierran, prueban a trasladarse a grandes superficies, o cambian de propietario, el Venecia permanece firme en la rúa do Hórreo. Desde 1992 lo hace con Óscar de Toro al frente, pero en medio siglo ha pasado detrás de la barra de este bar toda la familia, incluidos los seis hermanos y sus padres, los fundadores.

Compostelano de nacimiento, su padre, militar de Zamora, se casó con Mercedes, de Lousame, y se asentaron en Santiago. La tradición hostelera comenzó con el Mañoso, un bar ubicado en pleno casco histórico, al lado de la Facultad de Historia, que adquirieron sus padres hace más de medio siglo. Y ahí nació la vocación cafetera y por hacer bien las cosas. «Meu pai pasou unha noite enteira probando o que agora os especialistas facemos en dez ou quince minutos, facendo mezclas e pesando café para que saíra o produto que el quería. De aí partiu a fama, e do tesón que puxemos todos os irmáns que pasamos por alí».

Uno de los aspectos más curiosos del Venecia es el origen de su nombre. Cuando en 1962 sus padres decidieron cambiarse al Ensanche, quién mejor para elegir el nombre de la cafetería que sus clientes, los del viejo Mañoso, fundamentalmente estudiantes universitarios de las facultades próximas. Quizás no fue en primera ronda, pero en segunda ganó ya Venecia.

La infancia de Óscar, el más pequeño de los seis, estuvo totalmente vinculada al Ensanche, pese a que sus padres pasaron por Casas Reais y Orfas antes de dar el salto a la zona nueva. Para sacar adelante a seis hijos varones que pasaron por el colegio Peleteiro y que después continuaron estudiando había que arrimar el hombro, así que los mayores cuidaban de los pequeños y cuando podían echaban una mano en el bar.

¿Y cuál es el éxito del Venecia? Óscar guarda una gran admiración por su padre, ya fallecido, y él le demostró que cualquier actividad que se desarrolla hay que hacerla lo mejor posible. «El tiña moi claro que xa daquela había que destacar por algo, e que o que tiña que facer, tiña que facelo ben». Su padre nunca se fijó en la competencia ni en los precios que tenían los demás, «el cobraba o que tiña que cobrar, intentaba servir o mellor posible, e dar o mellor produto. Ese é o segredo, que a xente se sinta mimada e ben tratada», dice de Toro.

Salir banquero y volver barista

A principios de los 90, cuando su padre acariciaba ya la jubilación y los cinco hermanos mayores de Óscar habían iniciado su camino en otros campos, llegó la encrucijada de qué hacer con el Venecia, dejarlo o continuar con él. De Toro lo tenía bastante claro, había estudiado Administrativo y tenía una entrevista de trabajo en A Coruña para empezar a trabajar en un banco. Así que allá se fue. Por el camino pensó en el trabajo de su padre y en cómo un bar sacó adelante a una familia de ocho miembros, «e todo saíu do Venecia, e antes do Mañoso, ao mellor é algo moi idílico, pero deume mágoa que se perdera». Así que en el peaje de Ordes dio la vuelta. «Saín de Santiago como banqueiro e volvín como hostaleiro».

Desde entonces Óscar ha procurado volcarse de lleno en el negocio. Y los consecutivos premios como mejor barista gallego demuestran que no le ha ido mal. ¿Cómo se hace un buen café? En las explicaciones del propietario del Venecia no hay trucos o secretos, más bien trabajo y sentido común. El primer consejo es que «leva o mesmo tempo facer un bo café que un mal café, polo que hai que saber e querer». Primero hay que tener un buen producto, y después concede muchísima importancia a la leche, ya que el 85 % de los españoles toman el café con leche, ya sea cortado o capuchino. No se trata de que sea un producto excesivamente cremoso, «porque a crema non a fai a graxa, senón a proteína», así que un buen café puede llevar leche semidesnatada, de soja o sin lactosa. El consejo es no pasarla de temperatura porque se vuelve ácida y pensar que el café que le guste a un cliente, puede no gustarle a otro.

Eso sí, dice este barista y formador de otros que «non concibo que a alguén non lle guste o café, iso é que non o probou no momento axeitado, coa persoa axeitada, co café e coa preparación axeitada, que tamén é moi importante». Para los amantes o simplemente adictos al café, más curiosidades, el que menos cafeína tiene, el expreso corto. En otras cafeterías, dice de Toro «prefiro tomar auga, porque se non me coñecen non me importa, pero un mal café cústame tomalo, e onde me coñecen non me gusta deixalo. Iso si, que non me guste non quere dicir que non sexa bo», aclara.