«El sueño es volver a esa casa»

Cristina Barral Diéguez
cristina barral PONTEVEDRA / LA VOZ

FIRMAS

RAMON LEIRO

La familia Losada Serantes, que hace diecinueve meses vio cómo se derribaba su vivienda ilegal de Caldas, pide apoyo para reconstruirla

27 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

«Cuatro vecinos me echaron una mano y todavía tengo mis cosas repartidas por varias casas». Mónica Losada tiene grabada la jornada del 24 de agosto del 2011. Aquel miércoles de verano, ella, su marido Ramón y su hija Irene, junto a sus padres, se quedaban sin casa. El Concello de Caldas se vio obligado, por una sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG), a derribar la vivienda ubicada en el número 57 de Follente, en la parroquia de Bemil.

Una casa muy humilde que se había ampliado sin licencia municipal. La denuncia de un pariente lindante, tras un conflicto por la cesión de poco más de un metro, desencadenó la sentencia firme, que databa del 2003. Los diecienueve meses transcurridos desde el derribo fueron «muy duros» para la familia. «Y si lo fueron para nosotros, imagínate para mis padres», apunta Mónica intentando, sin conseguirlo, evitar las lágrimas. Sus padres, Manuel y Carmen, de 63 y 67 años, respectivamente, viven ahora en un piso alquilado en Juan Fuentes. Mónica, Ramón e Irene residen en otro de la calle José Salgado.

Pese a que ya no tienen casa propia, Manuel tiene que seguir pagando aquella hipoteca. «Mi suegro envejeció diez años. Viven en un cuarto piso sin ascensor y tiene mal una rodilla», apunta Ramón. Mónica, que trabaja en Clavo Congelados, tiene pensado enviar una carta al presidente de la Xunta para exponerle su caso. En breve, tendrán que hacer frente al coste de los trabajos de la demolición, que ascienden a 8.016,81 euros. «Vivimos al día, tengo que ayudar a mi hermana y a mi cuñado, que viven con una Risga y no tengo ese dinero. ¿Lo robo?», pregunta Mónica. Su deseo es conseguir que alguien les ayude económicamente con el coste del proyecto para recuperar la casa de Bemil. Y esta vez, siempre que sea posible urbanísticamente, ajustándose a la legalidad. «El proyecto son otros ocho mil euros, que no tengo. El sueño y la ilusión de mis padres es volver a esa casa y disfrutar lo que les quede de vida», relata.

El derribo dejó otros sinsabores. Para ellos, el trato del Concello, en especial del alcalde, Juan Manuel Rey: «Desde entonces, no se preocupó por saber cómo estamos y a mi padre ni lo saluda». El regidor niega esa versión y dice que el Ayuntamiento hizo «todo lo que pudo y más» por ayudar a la familia.

Las dos parejas viven de alquiler, pero Manuel sigue pagando la hipoteca

El alcalde dice que el Concello hizo «todo lo que pudo y más» para ayudarles