«En torno a Picasso» en el CTB

JUANA PRIETO LUNA

FIRMAS

JUANA P. LUNA

04 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

En el CTB, en las salas Álvarez de Sotomayor y Maruja Mayo, conviven cuatro artistas y dos exposiciones: Diurnes. Pablo Picasso/André Villers y En torno a Picasso. Juan López/Misha Bies Golas. Por ser esta una exposición especial de la cual se puede hablar en conjunto y por partes, hoy vamos a tratar una de las partes, la que corresponde a Juan López y Misha Bies Golas. En la presentación que desde el CTB hacen de esta muestra se toca un punto de suma importancia para lo que hoy es el arte contemporáneo: la importancia que el trabajo de Picasso y la huella que este ha marcado en el arte y los artistas posteriores a él. La figura del malagueño, su creación, su pensamiento, su forma de ser y vivir, conforman un todo que, como las hifas de los hongos, soterradamente (en el proceso creativo) y alguna vez que otra en la superficie (las obras), ha influido notablemente en todos los que formamos parte del universo artístico.

Misha Bies Golas nos muestra dos series de collages bien distintos; por un lado una colección en donde a partir de recortes de objetos reconocibles y pegados sobre papel milimetrado nos diseña objetos nuevos, Artefactos como él mismo llama, que nos invitan a recrear extrañas sensaciones. Acceder mentalmente a las formas de estas pequeñas delicatesen, requiere una lenta observación, un recorrido visual por sus formas y colores, la combinación de fotografías recuerda un poco a aquellos carteles que había antiguamente en las carnicerías y explicaban las partes de los animales a despiezar. Al mismo tiempo estas pequeñas formas en las que trocitos de aquí y de allá van generando un contenido nuevo al conjunto me traen a la mente aquel curioso juego tan del gusto de los surrealistas: el cadáver exquisito, con la salvedad de que aquí es un único jugador el que va añadiendo información al conjunto.

Y si en estas obras era el papel milimetrado el que hacía de fondo y medida, en las que ahora nos ocupan, son los patrones del Burda los que generan ese fondo sobre el que hablar, o mejor aún, sobre el que proyectarse; y hablo de proyectarse porque esa fue la primera impresión que me causó su visión. Pequeños círculos de colores pegados sobre un fondo plano de líneas del patrón, simulando, en una especie de trampantojo, la tercera dimensión. Fondo y forma, medida, ajustes, muchos pistas que nos conducen a pensar en obras que hablan de racionalidad, y que sin embargo en sus conclusiones nos acercan más bien a lo surreal, a lo irreal o a lo imposible. Por su parte Juan López nos vuelve a hablar de lo absurdo de los modelos a seguir, de su inutilidad de cara a la resolución de conflictos, pues hace no mucho que en la sala Sargadelos pudimos ver algunas de estas piezas. A lo largo de varias instalaciones es donde el sonido es esencial nos lleva de la mano enseñando invitándonos a participar en sucesivos experimentos en donde el espectador es el aparente protagonista de todo lo que allí sucede, nos invita a ser parte de la obra. Con nuestra atención, pues en muchas de ellas los sonidos necesitan de nuestra atención y concentración, nos hace conscientes de esa verdad que dice que formamos parte de un todo, de una especie de manada en la que a partir de un pequeño gesto se nos puede dirigir fácilmente por caminos que ni nosotros mismos sabemos a dónde nos conducen.

crítica de arte

Centro Torrente Ballester

Hasta el 2 de abril