Los clubes náuticos han afrontado estos últimos años una gran transformación, convirtiéndose en generadores de servicios a la sociedad. Así, han puesto al servicio de sus municipios las infraestructuras necesarias para que la población pueda conocer el mar y sus actividades, permitiendo que esta labor social ayude a que los gallegos se acerquen al mar y aprendan a convivir con él. Aún queda mucha labor social, pues hay personas que tachan de clasistas a unas entidades en que las mayor parte de sus socios son personas corrientes que sufren la crisis como cualquiera.
En la zona norte de la ría de Arousa está fuertemente enraizada la pasión por el mar, que genera una amplia actividad náutica a través de los clubes de Ribeira, Caramiñal, Rianxo, Boiro y Barraña. Esta zona es la primera en número de puertos deportivos y, pese a la crisis, los clubes náuticos están luchando por preservar una forma de vida ligada al mar y sus tradiciones. Lentamente avanzan otras zonas, como la ría de Muros Noia, en donde tiene la supremacía el Náutico de Portosín, que hasta la fecha era la única instalación con servicios suficientes para poder realizar actividades náuticas y recibir otras embarcaciones. El potencial de estos clubes del Barbanza es muy importante. La actual crisis ha ralentizado sus actividades, pero el futuro es esperanzador. Se podrá seguir prestando esa labor de formación e información de la cultura del mar a las nuevas generaciones mientras se da cobijo a las muchas embarcaciones extranjeras que vienen del norte de Europa.