La tienda que salió bordada

Begoña Rodríguez Sotelino
b. r. sotelino VIGO / LA VOZ

FIRMAS

XOAN CARLOS GIL

Dori Domínguez sigue al frente del comercio que fundó su nuera hace cuarenta años

17 feb 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

A escasos metros de la Colegiata, donde se rinde culto al Cristo de la Victoria, se encuentra Faro Vilano, en pleno epicentro del fervor vigués. Sin embargo, el género con el que trabajan desde hace cuarenta años no tiene nada que ver con el producto local, pero sí con la artesanía gallega con mayúsculas, como lo es el encaje de Camariñas. La tienda comenzó su historia en la calle Real, pero allí solo estuvo dos años y luego ya se trasladó a su ubicación actual, que en los últimos tiempos ha perdido las vistas a la Ría de Vigo por una espectacular panorámica del Media Markt. Cosas.

Carmen Alonso, natural de A Ponte do Porto, en la Costa da Morte, creció rodeada de mujeres que echaban horas y horas ejercitando los dedos y la paciencia para confeccionar encaje de bolillos, como en todos los pueblos de los alrededores. Ella también aprendió cuando era adolescente, pero no se quedó allí la almohada [aparato con el que se hacen los bolillos] sobre las rodillas. Se casó muy joven con el vigués Juan Rodríguez y a los 18 años se fueron para Vigo, aunque no hicieron el viaje solos sino que les acompañó una tía de ellas, que se dedicó a vender en el mercado de A Pedra los encajes que importaban de su tierra hasta que al ver que la demanda crecía, la sobrina se decidió a establecerse por su cuenta.

Carmen tuvo tres hijos y dos de ellos, Enrique y Juan Antonio, ambos ya fallecidos, se casaron con Conchi Reguera y Dori Domínguez, respectivamente. Las dos se incorporaron en seguida al negocio familiar junto a sus maridos. La fundadora siguió palillando en su local y sus nueras trataron de aprender el difícil arte. «A Conchi, que se retiró hace un tiempo, se le daba mejor que a mí. Yo lo intenté, pero lo cierto es que nunca lo conseguí - admite-. Es muy complicado». Carmen se jubiló hace casi una década, pero todavía, de vez en cuando sigue yendo por la tienda que fue su vida. Sus nueras se encargaron de continuar la tradición pero ahora ya solo queda Dori al frente de la única tienda viguesa especializada en un producto tan exclusivo. Esa característica, unida a los altos precios de una labor artesanal tan singular y laboriosa, hace que las ventas se produzcan a cuentagotas. «La crisis, además, se está notando mucho, ya que lo nuestro no son precisamente artículos de primera necesidad. Es para ocasiones especiales».

Pero hay de todo y para todos los bolsillos, porque como en todos los sectores, al hilo del producto artesano se producen otros realizados con la ayuda de las máquinas. La fabricación en serie permite dar salida a productos de parecida factura. «Eso sí, -recalca la profesional-, nosotros aquí no damos una cosa por otra. Un mantel de Camariñas puede costar más de mil euros, pero puedes tener uno de fabricación industrial por 30 euros. Y hay cositas más baratas, como pañuelos, paños, puntillas....». En Faro Vilano la actividad despierta sobre todo en verano. Los turistas, sobre todo los que llegan en los trasatlánticos, son potenciales y reales compradores de tan valoradas labores, y se nota porque en la tienda, todo cartel tiene su traducción en inglés.

Pero Dori se acaba de llevar un disgusto. «Nos han pasado la lista de cruceros y este año llegarán a Vigo cerca de 30 cruceros menos que en el 2012. Se los llevan a A Coruña», se lamenta la encargada, que recuerda haber vendido productos a personajes populares, como un foulard a Lola Herrera, y atestigua el repunte de la afición por el encaje. «Ahora hay muchísima gente que está yendo a clases a aprender», asegura.