José Ramón López y su mujer Ana Hermida, dejaron Viveiro en el 2003 para trabajar en Suiza
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Hace nueve años José Ramón López Martínez (Xunqueira-Viveiro) abandonó Viveiro en compañía de su mujer Ana Hermida Corbelle (Miñotos-Ourol). Decidió que fuera había mucho mundo por descubrir y que ellos querían su porción. Una situación «donde no había muchas salidas laborales, sobre todo para mujeres» les obligó a coger la maleta y hacer el camino de la emigración que hace cuatro décadas realizaron otros muchos gallegos para recalar en la fría y poderosa Suiza. Viven y trabajan en Ginebra.
«Teníamos familia aquí y decidimos venir a probar; ahora, visto lo que hay me alegro de haber venido», señala este viveirense que pone por delante los «dos duros primeros años, porque no teníamos ni idea, ni del idioma, ni de cómo se vivía, y los suizos además son bastante racistas. Menos mal que encontramos gente española que nos ayudó». José Ramón asegura que volver ahora «ni nos lo planteamos, los salarios son super correctos, las condiciones de trabajo muy buenas... mira, un simple trabajador del servicio de recogida de basura o un camarero, tienen un buen salario, ocho horas de trabajo, dos días libres a la semana, su mes de vacaciones... aquí el trabajo es muy serio».
Esta pareja de mariñanos trabaja en la misma empresa, dedicada a la colocación y limpieza de parqué; él como encargado y ella como conserje. José Ramón constata que los gallegos vuelven a hacer las maletas como antaño, ahora más que nunca. «Estamos volviendo a los niveles de emigración de los años setenta», asegura. Cuando llegaron hace casi una década la hostelería fue su punto de arranque laboral en la capital helvética. Hay mariñanos en la ciudad, pero sobre todo coruñeses y ourensanos. Con mirada de gallego de la diáspora suiza José Ramón está convencido de que la crisis «aún no asfixió de todo a España, porque hay muchos perjuicios con el trabajo; ser una mujer de la limpieza en España se considera inferior o poco digno y se rechaza hacer ese trabajo, y aquí no». Y añade «ahí se vivía muy bien, pero la gente seguía hipotecándose, y así están las cosas».
¿Pero cómo nos ven los suizos? «Creen que es un país de fiesta. Chocan los desahucios, no comprenden, y es muy difícil explicárselo, cómo te pueden echar de tu piso y que el Estado no haga nada. Aquí el Estado te ayuda, aunque sea de alquiler, nunca vas a perder tu casa», señala.
Lo de la fiesta y el trabajo es un tópico demasiado extendido por el mundo adelante, sin embargo José Ramón ilustra y compara. «Aquí hay cuatro o cinco festivos en el año, ¿cuántos hay ahora ahí? ¿Doce, catorce? El pueblo suizo acaba de votar no a una propuesta para coger seis semanas de vacaciones al año...bueno es diferente mentalidad. Quieren trabajar, tener dinero. El nivel de vida es muy alto, pero un trabajador como yo no tenemos por qué privarnos de nada», señala. Dentro de un orden, claro, porque a continuación el viveirense matiza que «no es tan fácil, no es llegar y llenar», la camiseta al final hay que sudarla con la precisión, en este caso, de las reglas suizas, empezando por los horarios. «Aquí se empieza a las seis de la mañana, con una parada a las doce para comer, pero a las cinco o así, estamos libres». Eso sí, socializar con los suizos no es fácil.
Mariñanos en el exterior José R. López Martínez, desde ginebra