Navegar para estar juntos

El holandés Guillermo Classen recorre el mundo en barco con sus hijos con dislexia para que no se los quiten


A Coruña / La Voz

Hace casi dos meses que abandonaron Holanda dispuestos a recorrer el mundo en sus veleros para protestar contra un sistema educativo que consideran injusto. Enrique y Hugo padecen dislexia, una dificultad en la lectura y escritura que afecta a unos 16.000 niños en los Países Bajos. El centro educativo en el que estudiaban no cuenta con un equipo de apoyo ni atención especial para ellos, y aprender se estaba convirtiendo en una agonía. Cansados de luchar contra las injusticias que día a día se encontraban en el colegio, un día le plantearon a su padre la posibilidad de salir a navegar para aprender «de otra manera».

Al principio su padre no lo vio con buenos ojos, pero poco después comprendió la angustia a la que estaban sometidos y aceptó el plan, no sin antes advertirles de que lo que se les venía encima no era un viaje de placer, sino una dura, durísima travesía. «Se lo dije muy claro, si queréis hacerlo tenéis que demostrarme que podéis hacerlo. Y me lo demostraron», dice orgulloso Guillermo Classen, el padre de las criaturas. Él y su mujer, que se ha quedado en Holanda para tramitar el papeleo, han solicitado ayuda en repetidas ocasiones al gobierno, pero este ha hecho oídos sordos. Únicamente, antes de zarpar, las autoridades se pusieron en contacto con ellos para que se quedaran, «que tenían un plan». «Es mentira, realmente no tienen ningún plan, es una trampa para que volvamos», asegura el padre.

Aunque prefieren mantener a los niños al margen, la situación es más grave de lo que parece. La travesía reivindicativa se ha convertido en la única opción para estar cerca de sus hijos. Después de que Guillermo y su mujer decidieran sacar a los niños del colegio ante la ausencia de un equipo de apoyo, el Gobierno holandés los llevó a los tribunales para retirarles la custodia. El primer intento fue fallido, pero el próximo mes de diciembre lo volverán a intentar, por eso todavía no han fijado la fecha de regreso. Tienen miedo.

Una lección de vida

Zarparon rumbo Bélgica y desde entonces han tocado tierra en Francia, Inglaterra y España. Enrique y Hugo, aunque viven entregados al mar, no han descuidado sus estudios. En sus ratos libres hacen los deberes, y si tienen dudas acuden a su padre o la profesora que les atiende vía Skype o email. Pero tanto Enrique como Hugo aseguran que en el tiempo que llevan navegando han aprendido más que en los años de colegio. ¿Qué? «Historia de cada uno de los países a los que vamos, además te das cuenta que has aprendido una historia pero que cada uno tiene su punto de vista. Para unos la Primera Guerra Mundial fue el punto clave de su historia y para otros la Segunda», explica Hugo, de 14 años.

Pero también han aprendido a buscarse la vida. El hecho de que el padre viaje en un velero y los hermanos en otro les ha llevado a pasar más que un apuro. No se separan, ni de día ni de noche, pero un fallo eléctrico les hizo perder el contacto en el Canal de la Mancha. Sin perder los nervios, los jóvenes siguieron el rumbo marcado y llegaron a la isla de Geurnsey, a la espera de recibir noticias de su padre.

No saben cuando volverán, lo que tienen muy claro es que no lo harán hasta que no les ofrezcan una solución. «Claro que quiero que los niños vayan al colegio, tanto mi mujer como yo sabemos que es la mejor manera para que se socialicen, pero queremos que puedan aprender en unas condiciones justas», explica Guillermo, que insiste: «Son unos niños normales, pero les cuesta leer y escribir».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos

Navegar para estar juntos