Quedamos a la una de la tarde en la cafetería Manhattan de la plaza de Pontevedra. Llegué dos minutos tarde y el ex rector de la Universidade da Coruña ya estaba allí. Es matemático. Pedí un agua del tiempo y José María Barja (Mondoñedo, 1951) un corto de cerveza. Sin saber muy bien por qué me empezó hablando del año nuevo musulmán que se celebra el 15 de noviembre. ¿Y a qué año llegan? Miró una décima de segundo hacia el techo del local y contestó «al 1434». Es un apasionado de los calendarios, capaz de afirmar cosas como que en el 2019 se producirá un caso único, ninguno de los festivos nacionales coincidirá en domingo (el año que viene sí lo harán Reyes y la Inmaculada). Otra de sus pasiones es la historia y si combina ambas disciplinas dice que «María Pita y Drake lucharon un domingo, pero no era el mismo día, porque ella se guiaba por el calendario gregoriano y el inglés por el juliano, que no cambiaron hasta 170 años después. Es decir, María Pita estaba diez días por delante que el corsario». Bebí un sorbo de agua.
Vida universitaria
En enero se cumple un año desde que abandonó su puesto de rector tras ocho años al frente de la Universidade da Coruña. «Es una tranquilidad que suene menos el móvil», asegura. Durante la hora y pico de charla el mío sonó tres veces y su iPhone 4 ninguna. Sabe que el objetivo del encuentro es hablar de su vida privada, pero no hay mucha diferencia entre el Barja-profesor de Lógica en la Facultade de Informática y el Barja-ciudadano de a pie. «Mi vida es universitaria las 24 horas», asegura. Duerme bien, seis o siete horas. Es más de radio que de tele. «El televisor es ese sitio donde se ven las películas», dice. Los nombres, las historias de épocas distintas, las anécdotas brotan de su boca sin descanso. Es ameno. Apenas se detiene para dar un sorbo a la cerveza. Debe de ser difícil vivir con una persona así. «No soy nada maniático, ni metódico como Kant, que salía a dar el paseo siempre a la misma hora. Soy soltero, pero no es nada difícil convivir conmigo. Soy flexible». Come de todo, pero siente predilección especial por la tarta del lugar donde nació y vivió hasta los 3 años de edad. La familia se trasladó a Pontedeume (su padre era juez), donde José María Barja pasó la niñez y descubrió las ciencias en las aulas del colegio Luis Vives.
El Rey y el Papa
«No era un niño extraño (en referencia a la imagen que a veces dan los matemáticos)», comenta. «Con 14 años vinimos a A Coruña a hacer la reválida de cuarto al Masculino y dormimos en una pensión de Santa Catalina. Saqué sobresaliente, pero no matrícula, que eran muy cutres para ponerlas», recuerda sonriente. De su vida estudiantil en Santiago viene a su memoria el primer ordenador que vio, allá por el año 70, donado por la Fundación Barrié. «Me gustó, y desde entonces le dediqué muchas horas». Sueña con explicar la historia desde el punto de vista de un matemático, de hablarles de lógica a los abogados, y no echa de menos su etapa de rector de la UDC. «Tuve la oportunidad de conocer a mucha gente interesante y de estar en lugares como en la Zarzuela el día que un ayudante se acercó al Rey y le informó de que Ratzinger era el nuevo Papa. Nos enteramos los dos al mismo tiempo», comenta. Es un placer escucharle.
Barja: «Soy soltero, pero no es nada difícil convivir conmigo. No soy maniático»
el pulso de la ciudad
«Mi vida sigue siendo universitaria, pero ahora suena menos el móvil»
«El año 2019 será singular porque ningún festivo coincidirá en domingo»