«La casa estaba llena de Picassos»

Elena Silveira
Elena Silveira OLEIROS / LA VOZ

FIRMAS

CÉSAR QUIAN

Varios okupas habitan en una vivienda de la milla de oro de Oleiros

12 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace más de seis meses que el número 54 de la avenida Che Guevara, en Perillo, tiene nuevos inquilinos. No pagan alquiler, ni luz, ni agua. Bueno, en realidad, la luz es escasa, la calefacción inexistente y el agua... no es de la red pública, sino del pozo. Allí vive, en condiciones más que precarias, un polaco de 44 años que llegó a Galicia en el 2008 haciendo el Camino de Santiago. Trabajó como albañil, en el campo... hasta que la crisis le obligó a cambiar de «sector» las pasadas Navidades y se recicló como chatarrero.

Se inventa el nombre ficticio de Horacy para preservar su identidad y comenta que el colmo de las desgracias ocurrió hace cinco semanas, cuando le robaron el pasaporte. Consiguió los 75 euros que cuesta el billete de autobús a Madrid para ir a la Embajada y pedir la nueva documentación. «Espero que me llegue en unos días», explica.

Sin agua caliente

Mientras tanto, Horacy se empeña en rehabilitar, como puede, el piso que ocupa. «Cuando llegué no se podía ni pisar. Le he puesto persianas, puertas, estoy arreglando las ventanas y los arcos de las puertas. Y pintamos la habitación porque la casa estaba llena de Picassos», explica en un español más que decente. La suerte, explica, es que las tuberías del baño funcionan perfectamente y con el agua del pozo él y su pareja se las arreglan para asearse. «Tenemos que calentarla en la cocina para ducharnos», puntualiza encogiéndose de hombros.

Y la cocina, «no está mal». Aunque los vándalos y los expoliadores dejaron la estancia bajo mínimos. Gracias a la ayuda de la asociación Renacer «nos vamos arreglando», ya que, cada dos semanas, recoge un paquete con comida. En realidad, a los okupas del número 54 lo que les sobra es fruta, ya que en el jardín de la vivienda hay una parra llena de uvas, hay un cerezo, limoneros, ciruelas «que ya se terminaron», manzanos, perales, melocotoneros e incluso un mandarino. «Y, con el tiempo, me gustaría limpiar la parcela y poner una pequeña huerta», asegura Horacy.

Mientras el polaco habla de sus planes, otro okupa que instaló su lugar de trabajo en el garaje asiente y sonríe. «Hay que buscarse la vida. Yo no vivo aquí, pero toda la chatarra que cojo la limpio y la preparo en el garaje. Tenemos el consentimiento de la antigua dueña, porque ahora el banco es el propietario. Bueno, están en pleitos», matiza con su acento argelino. Según explican los dos inquilinos, el padre de la exdueña suele pasarse por la finca a podar la parra y recoger algo de fruta. «Prefieren que estemos aquí y cuidemos la casa y no esté a merced de los vándalos», dicen.