«Me casé con el dinero que hice taponando el 'Polycommander'»

E.V.PITA VIGO / LA VOZ

FIRMAS

M. MORALEJO

Durante diez días encofró los agujeros del buque calcinado en 1970

08 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El petrolero noruego Polycommander mantuvo en vilo a los vigueses en la primavera de 1970 tras chocar contra unas rocas, arder y verter 50.000 toneladas de fuel como mínimo en la ría de Vigo. Un mar de llamas llenó de humo la ría y el barco calcinado permaneció fondeado los siguientes meses frente a la costa de Aldán y las islas Cíes. El vigués Jorge Fernández Diz, de 66 años, fue de los pocos que ganó dinero con el Polycommander porque la armadora lo contrató para reparar el casco y hacerlo navegable hacia otro destino.

Lo recuerda en la terraza del centro comercial A Laxe, delante de la exposición de La Voz por sus 130 años de historia, ante la portada del 6 de mayo de 1970. Hace 42 años, Jorge rondaba los 25 años y trabajaba en una cristalera. El incendio del buque le sorprendió como a todos en mayo pero la oferta de trabajo llegó cuando disfrutaba de sus vacaciones de verano.

«El barco se lo llevaron para Aldán y querían arreglarlo antes de trasladarlo a Grecia. Mi padre me avisó de que pedían carpinteros para trabajar unos días en el buque y allá fui, a taponar agujeros», relata. Su labor consistió en hacer un encofrado para evitar que entrase el agua y que el petrolero se hundiese. Los técnicos ya habían retirado el petróleo ante el riesgo de una explosión. «La gente que quitó el petróleo estaba muy preparada. Lo vaciaron todo y el resto se quemó. No sé quién se llevaría el botín [risas]», dice.

Todos los días hacía un viaje de ida y vuelta en gabarra con otros trabajadores portuarios. «Cuando subí allí, ya no había fuego pero, dentro, vi cosas que nunca me imaginé. No me podía creer lo que hizo el fuego que salió a gran velocidad», cuenta. El buque había quedado «inservible» y el casco de la cubierta estaba arrasado y los efectos de las llamas eran visibles en la maquinaria. Los buceadores se sumergían para buscar averías.

«El fuego subió y derritió el hierro fundido, lo cortó como si fuese un soplete. El puente estaba completamente calcinado, todo lo que era de cobre, incluso el de las tuberías y de la calderería, se derritió», recuerda.

Poco después, la armadora griega contrató a trabajadores marroquíes y subsaharianos. «Salían más baratos y nos despidieron a todos, hasta a los buzos», dice. Pero aquella experiencia veraniega le reportó un sobresueldo. «Me casé con el dinero extra que hice taponando el Polycommander. En diez días saqué lo que ganaba en un mes, el doble para esa época. Fue una ayuda en unas vacaciones bien aprovechadas», dice. No recuerda haber visto el chapapote en las playas porque, al poco, emigró con su esposa a Inglaterra. Se jubiló como empresario de la construcción y reside en Baiona.

Este reflexiona: «El vertido del Polycommander quedó en la ría pero lo trasvasaron, no como el del Prestige, que se rompió el casco y llegó a tierra». La exposición de La Voz se puede ver hasta el lunes, día 10.