Un maestro del jazz con lacón trufado


El músico cubano Paquito D?Rivera, uno de los grandes del jazz, que cuenta con once premios Grammy, lleva unos días en A Coruña. Esta semana les contábamos que estaba grabando en los estudios Mans de Rosalía Mera, situados en el polígono de Pocomaco, el cedé con el título Aires Tropicales. El hijo del también saxofonista Tito D?Rivera trabaja junto al quinteto Cimarrón y también cuenta con la colaboración de la gaitera y pianista Cristina Pato. Pero no todo va a ser grabar, así que ayer se dieron un pequeño-gran homenaje en el restaurante Manolito de la calle Ramón y Cajal. Tuvieron la suerte de probar el delicioso lacón trufado que prepara Lupe, la viuda de Manolito y madre del actual propietario, Manuel Souto. «Vino hace unos meses (por Paquito) y le encantó y ademas hizo muy buenas migas con una camarera cubana», comenta Manuel. Además del lacón, tomaron zamburiñas, gambas al ajillo y arroz caldoso de marisco, todo regado con albariño y mencía. El maestro Paquito se lo paso genial en Manolito.

Feliz 100 cumpleaños

Algo común en las personas que llegan al siglo de vida es que tienen problemas de oído, pero Consuelo Alonso Cabarcos no. «Escucha muy bien perfectamente. Hablas con ella, te cuenta cosas, está mejor que nunca, aunque necesita la ayuda de una silla de ruedas para desplazarse», me comenta Bárbara, animadora sociocultural del centro Sanitas Residencial de la calle Santo Tomás. Consuelo, que nació el 24 de agosto de 1912, es natural de Saa, en la zona de As Pontes, y siempre se dedicó al sector de la hostelería. «En la calle del Orzán tuvimos una churrería y una pensión en la que alquilábamos habitaciones», recuerda un pariente de la ya centenaria. Con motivo de su 100 cumpleaños le organizaron una fiesta sorpresa a la que acudió la familia y sus compañeros de residencia. Le entregaron un diploma, flores y hubo tarta y música en directo. «No me lo esperaba, muchas gracias a todos», comentó Consuelo, muy emocionada.

El renovado Chapa

El nombre de este establecimiento está unido a la historia de la hostelería local. El primer Chapa lo abrió José Manuel Montes en la calle Sinagoga, en la Ciudad Vieja, en el año ochenta. Ya llovió desde entonces. Llegó a tener hasta cuatro locales, pero ahora solo cuenta con uno, en la céntrica calle Rosalía de Castro, que ayer mismo inauguró tras una reforma integral. «Estábamos trabajando muy bien, pero el local pedía a gritos un cambio radical. Mantenemos los crepes y las ensaladas, pero nos adaptamos a los tiempos con una carta a mayores y servicio de vinoteca», explica José Manuel para justificar la renovación. Por cierto, la reforma fue un visto y no visto, tan solo veinte días tardaron en darle un giro completo a la imagen del establecimiento. En estos tiempos que corren no se puede perder ni un minuto.

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