El veto de España y otros países en la UE es la última esperanza
05 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Catastrófica y sin apenas precedentes -por el número de barcos, volumen de ingresos y puestos de trabajo en juego-, la caída de los cefalopoderos de Mauritania supone quizás la peor noticia para las Rías Baixas en años. La actividad de estos barcos suponía entre 40 y 50 millones de euros de ingresos para Marín, Bueu, Pontevedra y otras localidades costeras en la provincia. La exclusión no solo es un varapalo para los armadores -una veintena de empresas- y para varios cientos de trabajadores, sino que también repercutirá en el comercio y las industrias locales, ya que a menos dinero, menos gasto.
La situación se complica aún más si se tiene en cuenta que el mar es el último refugio para muchos desempleados de larga duración. Ahora, los extrabajadores de la la flota expulsada del Magreb engrosarán estas listas.
El último resquicio para la esperanza está en la capacidad de reacción diplomática de España y de los otros países molestos con el pésimo acuerdo. El consejo de ministros de Pesca de la UE y el Parlamento europeo pueden convertirse en salvadores o en verdugos de esta flota. En la larga guerra que los españoles librarán para revocar el acuerdo pesquero, la posibilidad de bloqueo solo se puede lograr en estos dos organismos. El voto en ambos casos es vital para que prospere o se retire el polémico documento y se intente reabrir la negociación.
La patronal Anacef y las instancias diplomáticas españolas destinarán este mes a diseñar una estrategia que sirva para frenar un desastre que de otra manera será inevitable. En España nadie quiere ver una flota moderna y rentable pudrirse atracada en el muelle. Está por ver si los demás socios comunitarios y los partidos políticos de la Cámara de Estrasburgo opinan igual. Mientras el tiempo corre en contra de una flota que ya no tiene dónde faenar.