Príncipe y caballero


Carlos González Príncipe, hoy empeñado en una batalla con tintes partidarios pero sobre todo en beneficio de la ciudad que le vio nacer, me parece que responde más que nunca a su apellido. Es un aristócrata del saber, demostrado en la temporada pasada en las magníficas tertulias de Fernanda Tabarés en el programa Vía V, de V Televisión, donde admira por lo que dice, aunque tengo la impresión de que se calla mucho de lo que sabe. Algún día hablará alto pero seguro que no más claro de lo que lo hace ahora.

Es pediatra de prestigio antes de ser político y después, y lo digo por experiencia directa. ¡No, por Dios yo no soy paciente suyo a mis 70 años, pero sí algunos de mis nietos en distintas épocas, en su reducto del centro de salud de Teis! Este licenciado en Medicina y Cirugía -o sea, que no es Leire Pajín en versión masculina, espécimen que se lleva mucho en el PSOE de hoy-, no creo que tenga ninguna ambición concreta en lo institucional, pero sí la confianza necesaria en que la vida política se regenere, empezando por las siglas que ama.

Bien es cierto que en su más tierna juventud, casi con pantalón corto, lo recuerdo cuando iba con frecuencia por mi despacho radiofónico de la calle del Príncipe -y dale con la aristocracia no necesariamente del saber, como es el caso de nuestro paciente de hoy- y entonces era trosko, pero debió de ser Savater el que dijo que en este país se desprecia al que cambia, cuando habría que admirarle si ha sabido evolucionar.

Nuestro personaje de hoy vale lo que pesa como político y dialéctico, pero tiene otro valor añadido: junto a Gonzalo Caballero es la mejor oposición interna al otro caballero que nos gobierna a salto de mata? o que nos mata a disgustos a saltos.

Es la mejor oposición posible a un alcalde que no nos gusta

gegonma@gmail.com

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