Cuando conocí a Valentín Paz-Andrade

Marcos González Hervella

FIRMAS

Un ourensano relata sus vivencias con el escritor homenajeado en el Día das Letras Galegas

17 may 2012 . Actualizado a las 14:05 h.

Es mi infancia, cuando en la escuela te comenzaban a dar a conocer a los escritores gallegos, cuando casi al mismo tiempo me presentaban a estas celebridades gallegas, que años más adelante tendría que estudiar: Pedrayo, Paz-Andrade, Blanco Amor o Xocas. Y fue por capricho de un hombre que yo conociera a estas personas que ya forman parte de nuestra historia cultural. Así con este motivo, siendo niño conocí a Valentín. La primera vez que estuve con Paz Andrade fue en un día primaveral. Nos recibió en su casa y con un gran abrazo al hombre que yo acompañaba, con sus correspondientes palmaditas y ya de frente le dijo: «Xa era tempo, meu rei». En ese año aún no había visto la luz el poemario Cen chaves de Sombra.

Por la tarde y ya acomodados en su biblioteca, mientras uno y el otro hablaban de sus cosas, yo escuchaba, veía y observaba, que era lo único que buenamente podía hacer. Aún así, y pese a mi corta edad de entonces, mantengo de aquel primer día un grato y tierno recuerdo. De regreso a Verín, en el transcurso del trayecto, el hombre al que yo acompañaba me hablaba de la guerra, de la posguerra, de las persecuciones, de la censura y de su amistad con Valentín, y de un suceso que había acontecido hacía muchísimos años, cuando unos falangistas intentaron asesinar a Paz-Andrade en el casino de Verín, donde un gran amigo le ayudó a salvar la vida.

Al año siguiente de mi visita se publica su obra Cen chaves de Sombra, un trabajo repleto de fertilidad de recuerdos vividos en la oscuridad, donde la muerte iba siempre por delante, abatiendo con luto los hogares y poniendo lágrimas en los ojos tristes de los niños huérfanos. Un poemario que guarda los recuerdos de los días y las noches imperadas por la muerte, donde el sonar de las pistolas dejaba en el aire un murmuro helador de suspiros hondos y que rompían el sueño de la noche. Eran As pistolas da noite, «A noite moura do Verín azul / tiros de pistolas azuadas / pistolas sin fundas sobre o marmor chascaban o preludio chamuscado / a palabra de morte ben berrada / catro pistolas, catro para un, catro, catro pistolas, sete estalos, na noite cal si adrede desluada, das pistolas falidas».

«Ei! Arturo, meu rei», así comienza el poemario, en los cuales sus versos se alimentan de la memoria histórica, donde es latente y escalofriante el encuentro de la muerte en una oscura noche sin luna, la misma luna ausente de Lorca. El hombre al que yo acompañaba en esa visita, aún sin saberlo, era para Paz-Andrade, «Arturo, meu rei», el mismo que el de aquella noche de noviembre: «A lua de novembre ?fai memoria- non quixo saber ren do necro-choio, e buscóu o panterlo d-unha nube / Aquello rematóu feito rosario / Solo tí i-eu pol-a trasman fuxindo / Catro pistolas, catro para un / Aquela lua e tí, aquela lua, da noite de Verín fostes os anxos. Aos dous credita o memorial do home, que pol-a vosa mao mexida a tempo o conto agora canto, o conto canto n-esta contadela».

Es indudable e incuestionable que Valentín Paz-Andrade fue un hombre polifacético, con una extraordinaria trayectoria profesional: abogado, poeta, periodista, ensayista, político y empresario. No obstante, con una única gran pasión, que era Galicia, y por ella se entregó con su máximo esfuerzo en cualquiera de las tareas que realizaba. Un hombre que mucho importa a los gallegos que tanto lo estiman y que lo recordarán siempre como una jerarquía del saber regional, bien escalonada, cuya sólida formación traspasó tierras y mares de Galicia, de esa Galicia a quien le entregó su enriquecimiento espiritual y su vigorosa formación cultural. Su saber, su palabra y su figura fueron guía de realidades que pusieron luz en nuestro avance, su legado alumbrará por siempre en nuestro desarrollo cultural que constituyen el contenido doctrinal de nuestro pensar vital y en ellas se entraña el orden para salvar las crisis históricas.

En un mes como este, en el mes de las Letras, el poeta voló para no volver, pero sé que nos iluminará desde donde esté, en procura de una Galicia que atine lo mejor por vivir, no solo con sentimientos sino también con ideas. Y en este mismo mes que nos dejaste, es merecido homenajearte y dedicarte tal día como hoy, 17 de Maio, la misma que tanto esculpiste y defendiste en un afán de desarrollo regional.

Para concluir este recuerdo que mejor que finalizar con tus propias palabras en el Día das Letras Galegas: «Pol-as palabras somos outra cousa, e non primáz materia dunha besta».