Afirma que «conocer la historia» ayuda a «comprender el presente»
06 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.A sus 39 años, el historiador ferrolano Alfredo Martín, profesor de la Universidad de León, atesora ya un más que sólido prestigio -permítasenos el adjetivo, es aquí muy necesario- como investigador empeñado en arrancar del corazón de los siglos XVI, XVII y XVIII los secretos de la «vida cotidiana». Es decir, dedicado, en cuerpo y alma, a tratar de sacar a la luz cómo eran los días de los verdaderos protagonistas de la historia: de aquellos cuyos nombres casi nunca se han mencionado. Y no se olvida de Ferrol: ahora trabaja, entre otros proyectos, en uno destinado a averiguar cómo era la asistencia a los desheredados en el tiempo de las Luces.
-En lo que atañe a Ferrol, ¿sigue sendo mucho lo ignorado?
-¡Sí, sí...! En el pasado de Ferrol todavía quedan muchas zonas oscuras. Y sería importante iluminarlas. Conocer la historia ayuda a comprender el presente.
-Por ejemplo, ¿qué no se sabe?
-Si pensamos en el Ferrol medieval, tendremos que reconocer que lo ignoramos casi todo. Apenas sabemos nada del día a día de los que habitaban aquella pequeña villa, agricultores y sobre todo pescadores que se dedicaron mayoritariamente a la sardina hasta que más tarde, en tiempos de Felipe II, el precio de la sal subió tanto que prefirieron dedicarse a coger pulpos y secarlos. Pero tampoco sabemos demasiado de la vida cotidiana en el Ferrol de la Ilustración, que al principio, como ciudad, debió de ser un caos.
-¿Qué relación tendrían con la ciudadanía ilustrados como Sánchez Bort, Jorge Juan o Sánchez de Aguilera?
-Muy poca. Eran una élite que, además, estaba de paso. Y yo no creo que Ferrol fuese realmente nunca una ciudad de ilustrados, como tal. Aquí no había las tertulias que podía haber en Cádiz. Otra cosa distinta, sin embargo, es que se valorase el conocimiento. Sobre todo lo que se consideraba el conocimiento útil. En el siglo XVIII en Ferrol había certámenes matemáticos, que se disputaban en público. Algunos, por ejemplo, reservados a los suboficiales de la Armada.
-Tiempos duros, aquellos, para quien no tenía nada...
-¡Y tanto...! Esteiro era un barrio de barracas. Los penados del Arsenal vivían en unas condiciones terribles, con una mortalidad altísima. Y eran frecuentes las ejecuciones de soldados que intentaban desertar para huir de los insultos y los castigos corporales. Los degollaban.
alfredo martín profesor de la universidad de león e historiador