Las bajas temperaturas en el arranque de la primavera impidieron que broten los racimos y las bodegas asumen ya que la cosecha será escasa
02 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.El comentario se repite estos días entre los viticultores de regreso de las viñas. «As cepas están igual que hai dúas semanas», dicen con sorpresa. Otros años, alguno había dado a estas alturas un par de manos de azufre para prevenir el oídio. Pero tal y como viene la cosecha, no hay ni donde aplicar los tratamientos. Los nuevos brotes apenas se desarrollan como consecuencia de la invernía, que ya abortó la fase de floración a lo largo del mes de abril. Queda todavía tiempo por delante para que nazcan nuevos racimos, pero el refranero no anima precisamente al optimismo. «Viño de maio, pouco e malo», se oye decir en la Ribeira Sacra.
Que la próxima vendimia será escasa, parece algo fuera de toda duda para bodegueros y técnicos. «As cepas agroman e sae rama, pero sen viño. Aínda pode nacer bastante, pero tería que vir todo moi rodado. Unha gran colleita xa é imposible», sostiene el presidente de la denominación de origen, José Manuel Rodríguez.
Un mes de retraso
Para el ingeniero agrícola Victoriano Pérez, lo normal a estas alturas es que hubiese nacido «o oitenta por cento da produción». La realidad que se aprecia en los viñedos, sin embargo, dista mucho de la teoría. Según sus cálculos, el ciclo vegetativo de las cepas acumula en el arranque de la cosecha un mes de retraso respecto a las últimas campañas. «A floración de abril perdeuse e o refraneiro di que o viño de maio, pouco e malo», apunta este técnico.
Desde un punto de vista objetivo, hay razones para pensar que la próxima vendimia estará lejos de los siete millones de kilos de uvas que se cosecharon en el 2011, año en el que Ribeira Sacra alcanzó su récord de producción. Pero esta circunstancia no tiene por qué afectar a la calidad de los vinos, sino más bien todo lo contrario. «Mi sensación es que en los últimos años estábamos algo mal acostumbrados. Con el cambio climático lo explicamos todo, pero al final la naturaleza te da sorpresas. Esta cosecha es una vuelta a la normalidad, a las primaveras revueltas y con heladas», dice el bodeguero de Doade Fernando González.
Habituados a lo raro
Lo anómalo, a su entender, fueron estos últimos años, en los que no había diferencias en las fechas de la floración entre las zonas altas de la ribera y las más próximas al río. «Los bodegueros queremos siempre lo mismo, cuando lo mejor es que cada año sea distinto y poder reflejarlo en los vinos. Y los de esta cosecha posiblemente sean más frescos y menos cálidos», vaticina el dueño de Algueira.
El problema en los viñedos de la Ribeira Sacra ya no es alcanzar la madurez de la uva, sino evitar que se pase. «Si volvemos a esos vinos de trece grados, ahora tan difíciles de conseguir, será un gran año», afirma Fernando González.