Ahora toca metal en Londres

nino soto PONTEVEDRA / LA VOZ

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El paralímpico Pablo Cimadevila obtuvo medalla en Sidney, Atenas y Pekín

27 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

De niño, Pablo Cimadevila era inquieto. Con cuatro años, escapaba de la mano de su madre o de su abuela continuamente. Pero un día, una de esas travesuras le jugó una muy mala pasada. Vivía en una casa que todavía tienen sus padres en la avenida de Lugo de la ciduad de Pontevedra. «Un día me solté de la mano de mi abuela y crucé la calle cuando no debía», recuerda.

Ese día, a Pablo Cimadevila le atropelló un coche, y desde entonces, quedó en silla de ruedas. «Era un niño inquieto y mira ahora el resultado», señala. Cuatro costillas rotas y la médula espinal seccionada.

Pasó el siguiente año de su vida ingresado en el Hospital Nacional de Parapléjicos, ubicado en Toledo. Allí empezó su romance con la natación. «Aprendí a flotar», recuerda.

De vuelta en Pontevedra, y después de flirtear con el baloncesto en silla de ruedas, el atletismo y el tiro olímpico, Pablo Cimadevila descubrió que lo suyo era la natación. A sus 11 años, se inscribió «como muchos otros niños» en un curso de perfeccionamiento de estilo en la piscina del Estadio da Xuventude, hoy en día el Centro Galego de Tecnificación Deportiva, que impartía el Club Natación Pontevedra.

Su madre descubrió que en Ferrol se estaban celebrando torneos para discapacitados. Con el certificado médico en el bolso, se desplazó con Pablo Cimadevila hasta la ciudad departamental, lo inscribió en el campeonato, y empezó a gestarse la leyenda. «Gané una medalla de bronce con 11 años compitiendo con nadadores de 25 y 30 años», precisa. Y en Inglaterra, sumó otro metal de bronce en un campeonato júnior.

Más tarde, superó unas pruebas en la ciudad de Pontevedra y empezó a formar parte del equipo del club de natación, aunque desconocían que era parapléjico. «Me seleccionaron sin saber que estaba en silla de ruedas, y aunque en principio fueron escépticos les demostré tirándome al agua que podía seguir los entrenamientos sin ayuda especial», sostiene el cinco veces medallista paralímpico.

Pablo es un icono de Pontevedra, y esa imagen se perfeccionó cuando el propio paralímpico descubrió el mundo del deporte para discapacitados. «Sabía que podría conseguir buenos resultados», afirma.

Abandonó el Club Natación Pontevedra y se enfundó el gorro y el bañador del Club Galaico. Braceó duramente durante años, nadó al más alto nivel y el primer gran logro de su carrera ocurriría a más de 18.000 kilómetros de distancia de donde Pablo Cimadevila sufrió el accidente que lo dejó en silla de ruedas. Fue en los Juegos Paralímpicos de Sidney 2000.

Allí, en la ciudad más multicultural de Australia, el pontevedrés se coronó en el Centro Acuático de Natación, conocido como El Cubo de Agua. Pablo Cimadevila subió a lo más alto del podio en dos ocasiones. Hizo el viaje de vuelta a casa con dos medallas de oro colgadas al cuello. Su especialidad, los 200 metros estilos. «Es la prueba que se me da bien», sostiene, y conoce el motivo. «Tengo los brazos largos, las manos grandes, resistencia y capacidad de sufrimiento».

Cuatro años más tarde, el nadador lerezano repitió éxito. Obtuvo una medalla de bronce en Atenas, metal que también ganó -en dos ocasiones- en Pekín 2008.

Y tiene garantizada su presencia en la piscina de Londres 2012. Alcanzó la marca mínima para los 100 braza el 11 de marzo. «Ya me estoy preparando para hacerlo lo mejor posible. Quiero seguir superándome».

Con 11 años, Pablo Cimadevila compitió en un Campeonato de España Absoluto para discapacitados en Ferrol. Subió al podio, logrando una medalla de bronce en una de las pruebas.

Aunque su especialidad son los 200 metros estilos, Pablo fue subcampeón del mundo en los 400 metros libres, así como bronce en el campeonato disputado en Holanda en los 100 metros braza.

Aunque lo de Pablo Cimadevila son los 200 metros estilos, en Londres competirá en los 100 braza, puesto que el Comité Paralímpico optó por esa distancia en función de un ránking internacional.

Compitió, con 11 años, en un torneo para discapacitados en Ferrol y se estrenó en el podio