Crímenes con enigmas a largo plazo

Jorge Casanova
JORGE CASANOVA XERMADE, LALÍN / LA VOZ

FIRMAS

OSCAR CELA

Las extraordinarias circunstancias del doble asesinato de Xermade y el más reciente de Lalín auguran una investigación larga y compleja

23 abr 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

En el patio de la casa de los Hermida caben bastantes coches. De hecho, la semana pasada en Casas Novas, un pequeño barrio de la parroquia de Burgás, en Xermade, había varias furgonetas y turismos. «No le podemos decir nada. Nosotros solo somos obreros», me comenta uno de ellos. Entra en la casa y cierra la puerta. Hace dos meses, otras dos personas hicieron el mismo gesto y desataron dentro de la vivienda uno de los crímenes más crueles y sangrientos de la reciente crónica negra gallega. Algo, desde luego, nunca visto por allí y que una vecina califica repetidamente como «un misterio sin resolver».

Sin resolver, está claro. Lo del misterio, no tanto. A Casas Novas no se llega casualmente. Hay que ir. Por la pista que cruza el núcleo circulan vecinos y servicios. No muchos. La cartera, el panadero. Pero el patio de los Hermida, pegado a la pista, solía estar animado. «Ti tes un día xente porque ven a familia ou tes unha festa, pero aquelo era moito», cuenta un vecino. Para llegar a los detalles hay que traspasar primero el grueso muro de aflicción y cortesía hacia Víctor y Eulogiño, padre e hijo, salvajemente torturados y asesinados allí mismo, a pocos metros; hacia Domitila, superviviente del terror porque los asesinos pensaban que ya estaba muerta. «Moi boa xente». Víctor y el perrillo que paseaba con él; Domitila en casa y Eulogio, que a veces estaba y a veces no, siempre amable, campechano, fanfarrón, hablador.

Después sí, salen los detalles: por el patio de los Hermida pasaban coches de procedencia diversa, a cualquier hora, de cualquier tipo. Hombres y mujeres; algunas, de bandera. Todo ello fuera de lugar precisamente en un lugar donde ningún cambio pasa desapercibido. «O que querías era saber canto menos mellor. Se non sabes moito, tampouco tés moito que contar», dice un señor del pueblo.

El último coche

El tráfico se acabó el 22 de febrero. Un último coche cerró para siempre el trasiego que todos conocían y casi ninguno nombra. Así que, en Casas Novas, queda el asombro y la pena. Pero no el miedo. Nadie teme que los sádicos asesinos que rompieron aquella madrugada vuelvan por allí.

Lo que muchos piensan, y no solo en Casas Novas, es que la investigación lleva camino de enquistarse. Han transcurrido ya 60 días desde el suceso sin que se hayan producido detenciones, aunque los miembros de la UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil), siguen instalados en Xermade: «Mi esperanza es que se resuelva, pero mi impresión es que no será pronto. Al menos, es una buena señal que sigan aquí los especialistas de la Guardia Civil», valora el alcalde, Tomás Rodríguez. «Aquí lo que queremos es pasar página. Afortunadamente, la gente empieza a olvidar y, cuanto menos se hable, mejor».

Dos puntos débiles

Nadie duda de que a Eulogio Hermida, el extrovertido vividor que fundió el capital familiar y pagó cárcel por librar cheques sin fondos, alguien acabó ajustándole las cuentas. La intervención de sicarios como ejecutores de la matanza tiene sin embargo dos puntos débiles: el franqueo de la puerta, que no fue forzada, y la milagrosa salvación de Domitila, a quien los asesinos dieron por muerta tras golpearla en la cabeza.

A Eulogio y Víctor los mataron a hachazos después de torturarlos salvajemente. Hasta los perros fueron masacrados. Pero a Domitila la dejaron viva, un error impropio de un sicario profesional. En las últimas semanas se han activado de nuevo los interrogatorios, probablemente a algunos de los viajeros que, con alguna frecuencia, hacían parada en el patio de los Hermida. Pero la investigación sigue hermética, y el sumario, bajo secreto.