Múltiples aeropuertos

Gerardo G. Martín

FIRMAS

20 mar 2012 . Actualizado a las 13:01 h.

Damos con una joya fechada en el verano de 1950, donde un especialista, concretamente el coronel ingeniero aeronáutico Francisco Iglesias, exponía que por entonces pedían «su gran puerto aéreo las siete ciudades del viejo reino, si puede ser transoceánico, para poder saltar de un brinco, sin escalas de ninguna clase, a La Habana o a São Paulo, o a Santiago de Chile o a Montevideo (?)».

El singular planteamiento, que haría feliz de una vez a todos los localistas unidos, no se conformaba con Lavacollla o Peinador, al que faltaban cuatro años para ser inaugurado, cuando todavía Alvedro era un sueño. Aspiraba a potenciar los pequeños aeródromos entonces existentes en Guitiriz y Rozas, en Lugo, e incluso el de A Toxa.

No le llegaba con aquello al coronel Francisco Iglesias, sino que esperando «una mayor holgura del presupuesto nacional» soñaba con aeropuertos en la playa de Baldaio, al pie de Corcubión, en Xinzo de Limia, cerca de la gran laguna de Antela, en Monforte? «Las sugerencias se multiplicarían si escuchásemos la voz de cada ciudad gallega», apuntaba el especialista. ¡Y tanto! Así nos va.

El ingeniero aeronáutico, que no era nada complaciente con la solución aeroportuaria entonces prevista para Vigo, y que se hizo realidad, llegaba a concederle al futuro Peinador condiciones para disputar el tráfico transoceánico a Lisboa. ¡Ay si viera los trastornos que hoy nos causa Oporto!

Han pasado algo más de sesenta años y esas tesis de trato de rico para un país pobre, sin duda perviven. La España del despilfarro no nació con Zapatero, sino que tiene un cuño bastante más antiguo. Bastaría que se abrieran las ventanillas para pedir un AVE para mi pueblo. La realidad podía ser peor que a mediados del siglo XX.

Hace medio siglo se reclamaban aeropuertos para cada villa

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