a niña tiene siete años y es lista como el hambre. Analiza todo con una lógica implacable. Cuando pregunta por qué -y lo hace sin parar-, espera argumentos. Razonamientos. Lógica. Paseamos con más gente Vía Norte abajo, charlando. Agotada ya la conversación sobre Bob Esponja, nos metemos en otros asuntos menos profundos.
-¿Te has fijado -le digo señalando la estación- en que ya no hay ruido de trenes?
-Claro, porque tiraron la estación.
Lo dice muy natural, nada repipi. Ya se había fijado. Pero ahora viene al contraataque.
-¿Y por qué tiraron la estación?
-Porque van a traer un tren más rápido y no les valía la vieja.
Pero me mira descreída. Como diciendo y qué tiene eso que ver. Así que me veo forzado a dar más explicaciones:
-Por las vías que había antes no cabía ese tren rápido.
-Ya, pero -ella pide lógica- ¿para qué tiraron el edificio de la estación?
-Puff. Pues...
Me clava la mirada. Y a mí me viene a la cabeza una imagen: el AVE llegando a Vigo, parando a 150 metros de una fastuosa estación que para entonces estará a medio construir y los viajeros allí ciscados con sus maletas. El AVE a 150 metros de Vigo por no tener dónde parar. Me acuerdo del anterior ministro de Fomento, por ordenar el derribo, del alcalde y del conselleiro de Infraestruturas de la Xunta, por no decir ni mu, y de la actual ministra, que aún no sabe qué hacer con el asunto y a la que le iría mejor si tuviera como asesora a cierta niña de 7 años.
-¡Eh! -me apremia-, ¿para qué lo tiraron?
A esas alturas ya sé que solo me voy a zafar si tiro de lógica implacable:
-Pues porque son tontos.
angel.paniagua@lavoz.es
Imagino el AVE quedándose
a 150 metros de Vigo por no tener estación