Todos los secretos de la Finca de Piñeiros: una joya desaparecida de 34 ferrados en Narón

Patricia Hermida Torrente
P. Hermida NARÓN / LA VOZ

NARÓN

La Finca de Piñeiros y sus habitantes.
La Finca de Piñeiros y sus habitantes. Archivo Fernando Masafret con fotos de Lolenka y Matilde Pedreira

La crónica familiar del dueño de uno de los primeros vehículos de explosión, «con un ruido impactante que provocaba que las vacas pariesen antes» como relata Fernando Masafret

05 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde el confín de los tiempos nos llegan los ecos de las mansiones desaparecidas en Narón. Como la conocida como Finca de Piñeiros, una joya de arquitectura colonial, con terreno y jardín de 34 ferrados, y ubicada a la altura de los números 32 y 33 de la carretera de Castilla. Tenía tres plantas y desván, con vivienda para los caseros y montes donde se practicaba la caza. Su historia es recuperada hoy por el cronista Fernando Masafret, que además la incluirá en su próximo libro Xuvia, corazón de Narón. Y en ella habla de «la crónica familiar de una de las segundas residencias de Narón, la de la familia Pedreira con una particular arquitectura en la que destacaban dos inmensas galerías y un porche abierto al estilo colonial».

Se ubicaba «pasando el Alto do Castiñeiro a la derecha desde Ferrol, por arriba del actual campo de fútbol de Cadaval». En 1902 la compró como casa de veraneo José María Pedreira Judel, abogado y médico que procedía de una familia adinerada del Ferrol de la Ilustración (conocida como familia Alcisnelles). Aquel hombre se formó en Inglaterra y Alemania, fue gran viajero con magníficos retratos en Egipto, diputado provincial, concejal en Ferrol, promotor, cofundador o partícipe en instituciones como la Cocina Económica o el Tranvía Ferrol-Xuvia.

José María Pedreira tuvo hasta su muerte en 1929 uno de los primeros vehículos de explosión de la zona, «con un ruido impactante que provocaba que los caballos se asustasen y las vacas pariesen antes». Según relata Masafret, a su paso los vecinos gritaban «Aí vén o demo!». Aquí la familia vivía en la época estival mientras el resto del año disfrutaba en una casa de la calle Magdalena (Ferrol) con capilla autorizada por el papa Pío X (conocida como Alcisnelles o Casa de las Campanillas por un sistema de llamada interconectado entre las plantas).

La Finca de Piñeiros sería heredada por un hijo de José María Pedreira, siendo espacio de disfrute hasta su venta en 1972. Allí se construyeron edificios y desapareció. Incide Masafret en que «como en tantas ocasiones el avance de las urbes en los 70 y años posteriores dejó en el olvido una multitud de casas indianas y solariegas de gran belleza en la comarca; que hoy en día, de no haber continuado en manos privadas, se hubiesen recuperado en espacios públicos y culturales».