De la mano del arquitecto ferrolano Nicolás Castelo, la escuela de música Charamela de Pontedeume amplía horizontes con más oferta y la puesta en marcha de una Big Band
30 oct 2015 . Actualizado a las 13:36 h.El arquitecto Nicolás Castelo (Ferrol, 1971) siempre soñó con saber leer partituras con la misma facilidad con la que se maneja a diario entre planos, escalímetros y cartabones. Sin embargo, no fue hasta hace tres años cuando cumplió su sueño de aprender a tocar el clarinete. «Siempre me ha gustado mucho el jazz y ese instrumento me fascinaba desde que era niño, pero por falta de tiempo lo fui dejando y también porque no era capaz de encontrar profesor», cuenta Castelo echando la vista atrás. Por eso, cuando se topó con uno en la Escola da Vaca de Ferrol, no lo dudó dos veces y se matriculó. Después de un año de clases ingresó en la banda de la escuela de música de la asociación Charamela de Pontedeume, donde encontró una nueva «familia» a la que, ahora, como presidente, quiere impulsar y mimar.
-¿No cuesta mucho ponerse aprender música siendo ya un hombre hecho y derecho?
-Sí que cuesta. Hay que estudiar y dedicarle tiempo, pero nunca es tarde para aprender un instrumento... ¡Yo empecé a los 40 y estoy encantado! Aunque parezca difícil, enseguida ves los progresos y al final te enganchas.
-¿Qué le aporta la música?
-La música es un desahogo. Y también un remanso de tranquilidad, porque mientras estás tocando no piensas en nada más. Además, te permite transmitir muchas cosas de manera diferente y luego también está la posibilidad de tocar en una banda, que es una experiencia increíble con la que haces muchos amigos.
-Usted asiste a clase de clarinete con sus hijas de seis años, Jimena y Camila, y dos niñas más. ¿Se siente extraño entre tanta pequeñaja?
-¡Qué va! Formamos un grupo pintoresco en el que todos nos llevamos muy bien. Además, la música no es como correr o levantar pesas. Aquí la edad no marca la diferencia. Como empezamos a la vez, mis compañeras y yo avanzamos al mismo ritmo.
-¿Qué objetivos se ha marcado como nuevo presidente de Charamela?
-Además de mantener toda la herencia que nos han dejado, que es muy buena, ahora lo que queremos es ampliar horizontes y buscar nuevas experiencias musicales. Por eso este curso contamos con muchas novedades que afectan al funcionamiento de la escuela y también a su propia filosofía.
-¿Por ejemplo?
-Además de incrementar la oferta, incorporando el bajo y la guitarra eléctrica y varios instrumentos de percusión, también hemos ampliado el cuadro de profesores, vamos a potenciar los grupos de multiinstrumentos y acabamos de poner en marcha una big band para tocar jazz y blues. La banda, con sus tangos, sus boleros y sus piezas clásicas, siempre ha sido un referente de Charamela, pero pensamos que también hay que tocar otros estilos musicales. Por eso creamos la big band y también hemos impulsado la orquesta, que antes solo tenía cinco miembros y ahora cuenta ya con dieciocho.
-¿En qué se diferencia Charamela de otras escuelas?
-Pues, sobre todo, en el gran número de instrumentos que imparte, porque contamos con prácticamente todo lo que te puedes encontrar en una banda o en una orquesta. Y luego está el trato, que es muy cercano. Somos como una gran familia.