Cerdido ya es tierra de arándanos

La fuerte granizada de finales de abril destrozó el 60 % de la producción de este año


Cerdido

Un centenar de temporeros -la mayor parte de municipios de la zona, senegaleses y algún rumano- y la plantilla fija, con 21 personas, finalizaron el 31 de agosto la campaña de recolección de arándanos de este año en la plantación de la empresa Horticina, la de mayor superficie del norte de España, con 75 hectáreas ya cultivadas y una propiedad total de 95. Pero la temporada en la finca de Cerdido ha dejado un sabor agridulce. «Este foi un ano complicado -reconoce el gerente de la firma, Miguel Ángel Mato- polo tempo e sobre todo polo pedrazo de finais do mes de abril, que estragou moito a produción. Había 180 toneladas de arandos e perdemos máis dun 60 %».

El granizo arrancó la fruta y dañó las plantas, con pérdidas muy importantes, y obliga a Horticina a acelerar el plan de protección de la plantación, que ya barajaban, pero en otros plazos. «Imos facer un esforzo a maiores e intentar cubrir o máximo posible, porque non podemos non cumprir a nivel comercial [venden la producción a la comercializadora Asturias Berries, que abastece al mercado europeo]. Cara ao ano que vén queremos ter cubertas 30 hectáreas», explica Mato. La instalación de multitúneles en toda la superficie, con plásticos desmontables, acarreará un gasto de entre 1,3 y 1,5 millones de euros, en un margen de tres a cuatro años, lo que implicará el aplazamiento de otras inversiones.

«Desde o que nós chamamos o cuajo da froita ata a recollida terémolo cuberto, así medra e produce máis, e é máis fácil a organización do traballo para a xente, polos horarios, porque aínda que chova pódese recoller igual na zona cuberta», indica el gerente.

Pese a todo, en un año «moi estraño no meteorolóxico», que ha condicionado la actividad de Horticina, el verano ha discurrido a toda velocidad y con buen ambiente. Del centenar de trabajadores temporales, 22 continuarán en la plantación durante el mes de septiembre y volverán en enero, para la poda, y posiblemente en junio para la limpieza previa a la recogida. «Podemos falar duns seis meses de traballo ao ano, premias a actitude, a dispoñibilidade; hai xente que ao principio non sabía, pero coas gañas que traía é da mellor traballando. Facemos un esforzo grande porque sexan de aquí, porque tamén tes un deber social e é máis doado porque non lles tes que dar onde vivir, aínda que sabemos que nunca imos superar as 250 ou 300 persoas da zona», señala Mato. Cuando toda la finca esté a pleno rendimiento podrían necesitar más de 750.

Este año el tiempo ha fallado -«sírveche para aprender, mellorar e traballar con menos riscos», apunta el gerente-, mas no el mercado del arándano, al alza, ni los precios, estables. En 2018, Horticina rondará el 65 % de la producción total prevista; seguirá ahuyentando las bandadas de tordos, devotos de esta baya, igual que la velutina, que irrumpió en agosto pese a la intensa labor preventiva realizada; y precisará unos 400 temporeros.

«O máis importante que aprendemos é que hai que estudar, isto é máis duro do que parece»

La Voz

Antía, Juan y Vicente, tres cedeireses de 16 años recién graduados en ESO, concluyeron el jueves su primera experiencia laboral. «O máis importante que aprendemos é que hai que estudar [...], isto é máis duro do que parece», remarcan después de ocho semanas de trabajo recolectando arándanos. Sus amigos ya se lo habían advertido -«estades tolos, non ides aguantar»-, pero ellos quisieron participar en la iniciativa impulsada por el ANPA del IES Punta Candieira, en colaboración con la empresa, para proporcionar a un grupo de menores su primer contacto con el mundo laboral. Miguel Ángel Mato acudió al instituto para hablarles de la actividad de su firma y explicarles el procedimiento para optar a un empleo: «Pedíaselles crear unha carta de presentación e un currículo, unha entrevista, a revisión médica e o contrato», explica, contento del rendimiento de los chavales. «Isto vailles aportar moito máis do que é un salario -sostiene-; aquí relacionáronse con xente doutras idades, nacionalidades e formas de ver a vida, que lles aportou moito máis que estar na casa». «Nós estamos encantados e pensamos repetilo o ano que vén, para darlle unha oportunidade á xente nova que queira achegarse ao mundo laboral. De momento, con Horticina, e se cadra que hai algunha outra empresa interesada, igual», apuntan desde el ANPA. Los primeros días, al llegar a casa, a Juan, Vicente y Antía les apetecía dormir y descansar, pero no tardaron en adaptarse. «Aprendemos a convivir, a traballar e que os cartos non veñen das árbores», comentan. Antía ahorrará el dinero ganado este verano; Juan lo destinará al pago de los libros de texto de primero de Bacharelato y Vicente quiere comprarse un kayak, además de haberle ayudado a su madre, que no tuvo que costearle los gastos de las fiestas. «Déronnos catro días para as festas da patroa», cuentan, agradecidos. Rosa está muy satisfecha de la experiencia vivida por su hijo Juan, que le recuerda cuando ella y su hermano ganaron dinero para comprarse una bici, un verano, atando 15.000 anzuelos para su padre (a peseta la unidad).

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