Otro camino de Pasión

Nona I. Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

JOSE PARDO

30 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Es imposible aislarse (ni ese es mi propósito) del clima emocional de nuestra Semana Santa. Pero este año hay sensaciones nuevas que tienen un notable peso en mi pequeño universo emocional en días tan intensos, llenos de abrazos, de sonrisas y lágrimas. A los que rodean los inconfundibles sonidos de la música, que es pregonera y protagonista imprescindible de un tiempo que transforma la ciudad en escenario de apasionantes vivencias y representación de la muerte y resurrección de Cristo, con alma de creyente o de espectador abducido por la belleza de unos desfiles que cada año atraen a más espectadores y visitantes, que descubrieron el otro lado de esta semana grande, que convive con la religiosa en armónico paralelismo. O incluso respetuosa convergencia. Y, en ocasione, con una emoción que no pide permiso para derramar una lágrima o enviar un beso al ver pasar a la Dolorosa o al Cristo Yacente, aunque se confiesen no creyentes. Pero, estos días, he vivido con angustia otro camino hacia la muerte que se ha incrustado en mi Semana Santa: el de Noelia. Sus inmensos ojos y su mirada, casi ausente, esperando el momento final son en sí mismos testimonio del fracaso de una sociedad que alza su voz cuando la tragedia es inevitable o ya se consumó. No cuestiono la eutanasia (ese es otro debate). Me duele que el momento final sea lo más interesante, en esta y en otras dramáticas situaciones, a las que sigue el olvido. Pero mi último pensamiento es para el manto de la Dolorosa. Para las manos que lo repararon haciendo del trabajo tarea que podría ser bálsamo que ahuyenta la ansiedad y nos enseña a hablar con uno mismo y poder así hablar con Dios.