La subida de precios llena las gasolineras de Ferrol y Narón: «Hay cola desde que abrimos hasta que cerramos»

FERROL

Colas en la mañana de este miércoles en una de las gasolineras «low cost» del polígono de A Gándara.
Colas en la mañana de este miércoles en una de las gasolineras «low cost» del polígono de A Gándara. Kiko Delgado

«El diésel subió 9 céntimos en un día», señalan desde una de las estaciones de servicio «low cost» del polígono de A Gándara

04 mar 2026 . Actualizado a las 22:59 h.

Colas y más colas. Es la tónica que viven, desde que estalló el conflicto en Oriente Medio todas las gasolineras de la comarca y que alcanza su máximo exponente en el polígono de A Gándara. Allí, a medio camino entre Ferrol y Narón, es donde se concentran el grueso de estaciones de servicio. «Desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche estamos así», explicaba en la mañana de este miércoles Francisco Díaz, encargado de Petrocash, una de las cadenas low cost que hay en Narón.

El precio del diésel para este 4 de marzo es de 1,399 euros y el de la gasolina, de 1,409 euros. «Ayer subió en total 9 céntimos, hoy ya subimos 2 y se prevé una subida bastante fuerte», explicaba el encargado, sin dejar de suministrar carburante y cobrar para tratar de disminuir una cola sin fin, que por momentos se salía de la propia gasolinera, a pesar de contar con siete surtidores. La diferencia es aún mayor si se compara con el de otras gasolineras del mismo polígono, como la de Moeve (antigua Cepsa): el diésel cuesta 1,586 euros y la sin plomo 95 llega a los 1,587 euros.

Los usuarios se arman de paciencia porque saben que esperar hoy puede suponer ahorrar mañana. Es el caso de José, que este miércoles acudía a llenar el depósito, «antes de que suba más». Tanto él como el resto de conductores asumían el precio con resignación: «Es lo que hay», coincidían en señalar clientes y trabajadores, que viven jornadas de mucha carga laboral. «El fin de semana —el conflicto en Oriente Medio comenzó el sábado— ya empezamos a tener bastante trabajo, ayer (por el martes) y anteayer (por el lunes) fue una locura y hoy ya ves», señalaba Francisco Díaz, que por momentos debía ponerse a dirigir el tráfico para que que no se formasen atasco en las entradas.

Francisco Díaz, encargado de Petrocash, suministrando carburante.
Francisco Díaz, encargado de Petrocash, suministrando carburante. kiko delgado

A quienes se le vienen recuerdos de Vietnam, o, más bien, de la guerra de Ucrania. «Esto ya lo pasamos, pero a la gente le entra la locura», decía Pilar. Al contrario que el grueso de clientes que esta mañana acudían a la estación de servicio, llevaba días evitando echar gasolina por las colas «Vine hoy porque me quedé en reserva, pero madre mía...», se lamentaba, señalando la gran cantidad de vehículos que tenía delante.

«Hay un poco de psicosis», reconocía el encargado de una gasolinera donde esta mañana se podía ver a algún conductor llenado garrafas de carburante del tamaño de medio maletero. «Se está comentando que puede haber problemas de suministro a final de mes. Nosotros de momento tenemos producto sin problema ninguno, pero lo estamos comprando caro y lógicamente lo tenemos que subir», concluía Francisco Días, que explicaba que la mayoría de usuarios son particulares que acuden a llenar el depósito.

Repartidor de comida a domicilio que acudía este miércoles a la gasolinera a comprobar la subida de precios.
Repartidor de comida a domicilio que acudía este miércoles a la gasolinera a comprobar la subida de precios. Kiko Delgado

La peor parte se la llevan los trabajadores que dependen del combustible. Es el caso de un repartidor de Glovo que acudía tan solo para comprobar cuánto había subido el precio, ya que la cola era demasiado larga y le salía un pedido. «Soy autónomo y me afecta claro, porque a mí me van a pagar lo mismo por pedido», explicaba mientras, factura en mano, calculaba la diferencia de costes. «La última que tengo es de finales de enero y la gasolina (sin plomo 95) estaba a 1,28 euros», decía, mostrando el recibo.

En su caso, como en el de otros profesionales como taxistas o transportistas, es inevitable llenar el depósito de la moto y tampoco ha calculado aún qué le puede suponer, a final de mes, este encarecimiento. «Es que es lo que hay. Ni puedo prevenirlo ni puedo hacer nada», comentaba, resignado, mientras abandonaba la cola.