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Vecinos y vecinas de la comarca cuentan cómo llevan las continuas jornadas de lluvia y viento
01 feb 2026 . Actualizado a las 12:27 h.Árboles tirados, calles inundadas y personas ocultas bajo los paraguas. Es la imagen que nos dejó enero, un mes que pasará a la historia por ser uno de los más lluviosos en todo el país y que quedará en la memoria colectiva como «el peor invierno» que se recuerda en la comarca. Así lo sentencian los ferrolanos, que el pasado viernes compartieron con La Voz cómo llevan las continuas jornadas de lluvia, viento, granizo, truenos y demás inclemencias meteorológicas.
«Estamos un poco cansados y hartos —por no soltar un exabrupto— de tanto viento. Ayer se nos cayó todo y ahora vamos a proceder a cerrar la terraza para salvar las sombrillas porque con ese ventarrón que hace no hay nada que lo aguante», decía el pasado viernes Djibril Diagne, propietario de una cafetería en el centro de Ferrol. «¿No ves cómo estaba la sombrilla? Toda doblada. Y así día tras día. Mañana, tarde, noche... y posnoche también», explicaba, mientras trataba de recoger todo antes de que se llevase el viento: «Mira, mira. ¡Que se va! ¡Que se va!», gritó antes de aferrar el poste de la sombrilla, mientras la golpeaba una de esas rachas que mantenían la comarca en alerta amarilla. Los propios clientes se levantaron rápidamente para echar una mano.
¿Es realmente el peor?
Natural de Senegal, Djibril Diagne contaba que en los 12 años que lleva viviendo en España —y todos fueron en Galicia—, no recuerda «un invierno como este». Pero lo cierto es que este joven llegó a Ares justo el año en el que La Voz publicaba una crónica con el titular Adiós al peor invierno de la historia. Era el 20 de marzo del 2014. Los expertos de la Agencia Estatal de Meteorología y Meteogalicia, así definían aquel invierno tras decretar ni más ni menos que nueve alertas rojas en la comunidad gallega.
Aquel año, los ferrolanos descubrieron lo que es un tren de borrascas. Los temporales se llegaron a llevar la arena de la playa de Doniños y se batió el récord de altura de una ola en la costa gallega, con un registro de 22,03 metros en la boya de Estaca de Bares el 6 de enero. Ese mismo día, el mar se tragaba a tres miembros de una familia en el faro de Meirás, que desde entonces se cierra a la circulación cada vez que se decreta una alerta roja.
Del Hortensia al Klaus
Lo cierto es que eso de las alertas es algo relativamente reciente. La primera vez que se avisó con antelación a la población fue en 1984, con el huracán Hortensia. Muchos vecinos recuerdan de aquella jornada que no tuvieron clase —algo que antes no era tan habitual— y que miraban por las ventanas cómo el viento parecía estar a punto de arrancar árboles y farolas de cuajo. Galicia, colapsada por la borrasca fue el titular que salió en la portada de La Voz el 5 de octubre, al día siguiente de su paso. Aquella noche se midieron en Monte Ventoso ráfagas de viento de hasta 158 kilómetros por hora. Pero el Klaus batió esa marca en la madrugada del 24 de enero del 2009, con registros de 229 kilómetros por hora en Bares.
Y es que si hay un nombre que ha quedado grabado a fuego en la memoria de los vecinos de la comarca es Klaus. «Fue horrible. En Cedeira no quedó un eucalipto de pie», comentaba María Martínez, que el viernes se abrigaba de la lluvia con un paraguas en la calle Real. Junto a ella estaba Begoña Dopico, que recordaba los destrozos del temporal que popularizó el término de ciclogénesis explosiva. «Gracias a Dios catástrofe en casa no tuvimos mucha, pero asustaba. El ruido del viento, de los árboles, de todo. El miedo de que fueras por la carretera y te cayera algo...».
Los fotoperiodistas que cubrieron aquel ciclón extratopical recuerdan ver hileras de monte sin árboles en la zona de Ortigueira, «como si un huracán los hubiese arrancado». El viento tiró el tejados de edificios, como el del por aquel entonces recién inaugurado Pazo da Cultura de Narón. Y los desperfectos ocasionados por la caída de árboles y tendido eléctrico dejaron sin luz a los vecinos de Ferrolterra, Eume y Ortegal durante semanas.
Solo cuatro días sin lluvia
A pesar de que el Klaus quedó grabado en la memoria colectiva, se trató, como el Hortensia, de algo puntual. «El peor temporal es todo este mes de enero en conjunto, porque desde que empezó es lluvia y más lluvia —27 de 31 días, según el CIS de A Cabana—, los truenos, los vientos... A las tres salió un poquito el sol y a las cuatro un temporal de viento que volaba todo», sentenció un vecino, Serafín Pita, mientras abría su paraguas.