Trabajan al aire libre aunque llueva o truene: «Siempre estás mojado, aunque lleves ropa de agua, te cala por dentro»

FERROL

Marcos, Suso y Sergio, trabajadores de Parques y Jardines, ayer en el barrio de Caranza.
Marcos, Suso y Sergio, trabajadores de Parques y Jardines, ayer en el barrio de Caranza. JOSE PARDO

Empleados de los parques y jardines de Ferrol o de reparto de comida deben salir igual pese al temporal

27 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay días en los que no apetece salir de casa. La lluvia, el frío o el viento —que no nos han abandonado en las últimas jornadas— son la excusa perfecta para desistir de cualquier plan al aire libre. Pero, ¿y cuándo no se trata de ocio? Son muchos los trabajadores que, llueva o truene, deben realizar igual su trabajo. Empleados de los parques y jardines, del servicio de recogida de basuras, de reparto de comida a domicilio, del sector del mar... Basta con echar un vistazo por la ventana para comprobar quiénes son los valientes que salen a la calle con temporal... Y con uniforme.

«Llevamos un mes...», comentaba Suso, uno de los trabajadores de Parques y Jardines que el pasado lunes, en medio de un diluvio que hacía que el agua bajase por la acera como una cascada, recogía las ramas que el temporal dejó tiradas por las calles del barrio de Caranza. Y es que días de tanta lluvia ni siquiera pueden cortar la hierba con normalidad. «Si está el campo muy encharcado no se puede porque dejas todas las marcas de las herramientas y no queda bien, y los vecinos protestan con razón. Entonces hacemos otras tareas», explicaba Marcos Fernández, que lleva ya un tiempo en el sector. «Con estos temporales está todo lleno de palos y ramas y, claro, por ahí no puedes pasar el cortacésped ni las máquinas, tienes que quitarlas antes. Es un poco engorroso», añadía su hermano, Sergio, que tras incorporarse a la empresa el pasado otoño, completa esta cuadrilla de trabajo. «¡Vaya día os hace!», señalaba una mujer mayor que, paraguas en mano, subía la avenida de Castelao con la bolsa de la compra.

Lo cierto es que, por muy acostumbrados que estén a las inclemencias del tiempo, este invierno está siendo especialmente duro. Tan solo en enero ha llovido 22 días, según los datos recogidos en el CIS de A Cabana, que dejan la friolera cifra de un 85 % de las jornadas pasadas por agua. «Siempre estás mojado, llevamos toda la ropa de dentro mojada y es lo que hay. Tenemos trajes de agua, pero se te mete por la capucha, por alguna costura... Al final es incómodo. Te llega a calar por dentro», contaba Marcos. «Hasta los calzoncillos se te mojan», añadía su hermano con un toque de humor. Sobra decir que, tras acabar el turno, se fueron a dar una ducha, aunque reconocían que muchas veces no basta para entrar en calor porque el frío ya va metido en el cuerpo.

Para estos trabajadores el peor escenario climático es el de las precipitaciones. «Los días de lluvia es peor porque también te llenas mucho más de porquería que un día normal, con todo el barro y demás», señalaba Sergio. «Si tienes que cortar, por ejemplo, no es lo mismo que esté el campo sequito y tengas que andar cargándolo, a que esté mojado y tengas que cargar el doble de peso. Es todo más duro», añadía su hermano Marcos.

También tienen sus técnicas para evitar caer enfermos, aunque reconocen que los catarros, los mocos y las molestias de garganta son casi inevitables. Marcos, que lleva más tiempo en la empresa, contaba que en invierno es normal que haya bajas por gripe. «Coges frío un día de empapadura, pero no te da tiempo a recuperar porque sales mojado hoy, tienes un poco de catarro y mañana tienes que volverte a mojar», exponía.

Iván Salgado, repartidor de Pizza Tutto, este lunes en la moto.
Iván Salgado, repartidor de Pizza Tutto, este lunes en la moto. JOSE PARDO

En carretera

Si la lluvia es molesta para trabajar en la calle, se convierte en un peligro cuanto toca hacerlo en la carretera. Lo sabe bien Iván Salgado, que lleva más de veinte años como repartidor en Pizza Tutto. Aunque, en su caso, al conducir una moto, reconoce que es peor el viento. «Recuerdo una vez, por Freixeiro, que el viento me arrastró con la moto al carril contrario, atravesó para el otro lado, menos mal que no venía nadie de frente», recordaba ayer poco antes de empezar un turno que se preveía movido. «Cuanto más llueva y más viento haga, más pedidos salen», confirmaban en la pizzería.

El problema surge cuando hay temporal, ya que desde este local se llevan pedidos a la zona rural tanto de Ferrol como de Narón y, en esas jornadas, no se realizan. «No es lo mismo una pista en un día como hoy (por ayer) que la carretera de Castilla. El viento por aquí es más llevadero, pero cuando vas fuera de ciudad, a Cobas, a Mandiá o a la zona cerca de Valdoviño, el viento influye mucho», explicó Iván. «Hay lo entiende y quien no, pero la mayoría no», añadió la encargada de la pizzería, Txami, que comentó que es habitual que llamen para quejarse si los pedidos tardan, por muy mal tiempo que haga. «La gente se enfada cuando llegas tarde porque no se puede ir rápido en la moto, no llegan a comprender que es mejor llegar tarde antes que nunca», decía otro de los motoristas.

En las dos décadas que lleva sobre la moto, Iván solo recuerda una ocasión, con nombre propio, en la que no pudo salir a trabajar: el Klaus. «Tuvimos que parar porque era inviable repartir, además de peligroso. Y ese día no paraban de llamar», recuerda sobre aquella jornada, también de enero, pero del 2009. Acostumbrado a trabajar bajo la lluvia —«es el día a día»—, tiene sus trucos para evitar mojarse, como llevar varias capas de ropa impermeable y, en las manos, guantes de buceo o de mariscar.