En las últimas elecciones municipales el electorado ferrolano, sabiendo como sabe que la juventud es un valor en sí mismo, optó por un cambio para resolver los problemadesde la alamedas de la ciudad y dejó a un lado la experiencia, porque los partidos políticos lo entendieron así, y poblaron las listas de gente más joven y nueva para estos menesteres. Y al hacer un juicio sobre el trabajo desarrollado por esta corporación podemos decir que los resultados no son los esperados, quizás porque sus respectivos partidos no exigieron experiencia en los servicios a la sociedad y se valoró la labia como garantía de eficacia, que es lo que suelen pedir en un cásting a los vendedores de crecepelo.
Y en este panorama surgieron cinco líderes y candidatos a la alcaldía. Me refiero a Martina Aneiros en el PP; Beatriz Sestayo en el PSOE; Iván Rivas por el BNG; Ana Rodríguez por Ciudadanos; y Jorge Suárez por IU. A estos se le unieron cachorros, alguno procedente de organizaciones juveniles con apenas experiencia en la gestión pública. Se abrieron camino dispuestos a dar lo mejor por esta ciudad que tantas cosas necesita, pero los nuevos gestores, por lo de ahora, no están superando a políticos convencionales como Fernando Miramontes, Lorenzo Ramos o Guillermo Evia. Los actuales están dedicando tiempo a su trabajo, y seguro que alguno haciendo sacrificios, pero los resultados están a la vista. Alguien dijo que los jóvenes salen a la calle a derribar gobiernos pero solo consiguen derribar contenedores. Ni lo uno ni lo otro. Pero creo que se evitarían sorpresas si los aspirantes tuvieran que presentar las correspondientes cotizaciones a la Seguridad Social como muestra de haber realizado algún trabajo ajeno a la política, así las trayectorias contrastadas evitarían muchas dudas. Algo hay que hacer para que a la política vayan los mejores y con experiencia de servir a la sociedad con honestidad y celo.
Escribo esto desde la veteranía de haber llegado a las tareas públicas con un amplio recorrido con una profesión laboral, los sindicatos y el partido. Mi conclusión es que en la política, como una dedicación honrosa, no deben prevalecer los personalismos ni los cuñadísimos, ni se puede dejar de lado la experiencia, pues hay muchos ejemplos de activa madurez política cuyos resultados demuestran racionalidad y trabajo. Y, por lo general, los veteranos garantizamos la marcha en fecha conocida de antemano.