Furia verde, genes del Espanyol

Su padre jugó en los 80 en Sarriá y el sueño del defensa sería disputar al menos un amistoso con el cuadro perico


FERROL / LA VOZ

A Román Golobart le encanta hablar de fútbol, analizar un planteamiento, razonar las diferencias entre roles... Lo mamó desde niño en casa. Su padre, Joan Golobart, fue futbolista en los años 80: tres temporadas en el Hospitalet, otra en el Sabadell y cinco en el Espanyol. Jugó cuatro campañas en Primera con el equipo perico. Y ese historial marcó al actual central del Racing.

-¿Ese pasado le predestinó para el fútbol?

-No lo sé. Si le preguntas a mi madre, te dirá que sí, porque ella quería que tocase el piano (ríe). La verdad es que a mí de pequeño me obligaron a jugar a todos los deportes. Desde luego yo quería ser deportista y de pequeño me animaron a jugar a basket, a handball... Y al final escogí el fútbol porque era el que se me daba mejor, me resultaba más fácil.

Llegada una edad, la familia le empezó a acompañar por los campos de Cataluña, a medida que quemaba etapas en la cantera perica. «Mi padre y mi madre me llevaron a todos los partidos, me han venido a ver hasta que ya era mayor y no hacía falta que me viniesen a ver. Cuando me fui a Inglaterra ya no podían tanto. Pero jamás tuve presión o la necesidad de demostrar nada. Siempre me han hecho seguir estudiando. Así que...», responde el central del Racing.

Evolución similar a Nano

El rol de Román Golobart en el centro de la defensa poco tiene que ver con el de su padre, que paseaba su porte de futbolista ofensivo en zonas más avanzadas del campo, aunque acabó en el mismo puesto que su hijo. «Su carrera tuvo una evolución un poco como la de Nano, salvando las distancias. Él empezó de extremo en el Hospitalet, jugó en el Sabadell, volvió al Hospitalet y luego en el Espanyol actuó de medio centro. Aunque ya en sus dos últimos años de futbolista, con 28 y 29 años, jugó de central en muchas ocasiones», explica el defensa del Racing, que suma 1.722 minutos, el séptimo jugador de la plantilla con más presencia en la liga.

Barcelonés de Sant Gervasi

Román Golobart nació en Sant Gervasi, a unas manzanas del viejo estadio de Sarriá, y el pasado de su padre le convirtió en espanyolista. «Soy perico a muerte, muy perico», responde con una sonrisa en los labios. Y reconoce un sueño por cumplir, defender la camiseta blanquiazul. «De alguna forma es un tema que siempre está ahí. Lo pienso de vez en cuando. Me encantaría, para mí el Espanyol es el mejor club del mundo, Barcelona la ciudad más bonita del mundo y su estadio el más bonito del mundo. Me encantaría jugar con ese club, aunque fuese un partido amistoso. Y lo pensé siempre desde bien pequeño», confiesa.

Tres saltos de categoría

La trayectoria de su padre le sugiere una posible similitud con una heroica progresión del Racing. «Subió de Tercera a Segunda B y luego a Segunda A y hasta Primera», explica Román Golobart.

Ahora involucrado en el reto del ascenso a Segunda A con el Racing, entiende que resulta complicado imaginarse en el Espanyol, aunque bromea sobre el tipo de compromiso que le colmaría con la camiseta blanquiazul. «Yo, con un partido amistoso, ya estaría encantado, así que hasta que la palme, aún tengo tiempo (ríe). Lógicamente, ahora sería un salto muy grande y no es algo adecuado al momento. Pero, si hay algo que tiene el fútbol, es que todo puede pasar», razona el central, todavía con 23 años pese a haber jugado ya en el Las Palmas Atlético, el Wigan, el Inverness y el Trenmere ingleses y el Colonia y el Erzgebirge Aue alemanes.

ROMÁN GOLOBART CENTRAL DEL RACING DE FERROL

Indica que Joan Golobart celebró ascensos de Tercera a Primera, ¿un presagio para Ferrol?

«Con un amistoso con el Espanyol, ya estaría encantado. Hasta que la palme, aún tengo tiempo»

Sin simpatías ni por el Madrid ni por el Barcelona por lo que acaparan

El sentimiento espanyolista de Román Golobart no le convierte en madridista. Explica como su barrio respira pasión perica, pero la desvincula de filias por el club merengue. «Yo soy de Sarriá, de Sant Gervasi, de al lado. Muchísimos amigos míos de la zona son del Espanyol. De alguna forma es normal. ¿Madridistas? Sí hay algunos. Seguro que los hay, como en el Barça son antimadridistas e igual simpatizan más con el Atlético, porque no les cae bien el Madrid. Yo no lo comparto, porque a mí los dos clubes, a pesar de que ayudan mucho al fútbol español, deberían ser más generosos en muchas cosas. Eso es lo que no me hace sentir simpatía deportiva ni hacia el Madrid ni hacia el Barça, por igual», explica el central del Racing.

La final ante el Leverkusen

Joan Golobart se formó en el Hospitalet y llegó al Espanyol con 24 años. Jugó con Javier Azkargorta y vivió sus experiencias más potentes con Javier Clemente. Cabeceador, hábil a balón parado, estampó un balón en el larguero en la ida de la final de la Copa de la UEFA frente al Bayer Leverkusen en Sarriá, ya con 3-0 a favor. El título se escapó en los penaltis tras idéntico 3-0 en Alemania. Tuvo protagonismo también en la temporada siguiente en la promoción ante el Mallorca: metió el gol del 1-0 de la ida en Sarriá y anotó un tanto anulado en la vuelta, donde el Espanyol consumó el descenso al caer por 2-0. Una temporada después, tras jugar ocho partidos en Segunda, se retiró con 29 años.

Protésico dental, colaboró en La Vanguardia y tanteó la candidatura a la presidencia del club barcelonés.

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