El comandante del buque escuela, marino ferrolano, subraya la importancia de la formación
15 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.El buque escuela de instrucción Juan Sebastián Elcano se encuentra esta semana en Marín, donde ponía fin a su 85º crucero de instrucción en el que han participado 69 guardiamarinas bajo el mando del capitán de navío, el ferrolano Enrique Torres Piñeiro.
-¿Qué tal han llegado y cómo ha sido esta travesía?
-Ha ido muy bien, hemos estado algo más de seis meses desde que salimos de Cádiz el 10 de enero y hemos hecho una travesía muy bonita, dando la vuelta a Sudamérica cruzando desde el océano Atlántico al Pacífico a través de la Patagonia y luego al revés por el canal de Panamá. Hemos visitado puertos de Brasil, Uruguay, Chile, Perú, México y EEUU, lugar del que acabamos de regresar.
-Elcano es un buque escuela en el que se realiza una labor de instrucción pero que también cuenta con otra faceta: servir de apoyo a la acción exterior de España.
-Si, esa es una función secundaria pero igualmente importante. La razón de ser del barco es la formación de los guarda marines pero posee también un gran valor como representante de la Armada y España, causando admiración allá donde va. Es una pequeña embajada a flote que ponemos a disposición de nuestros diplomáticos, por ejemplo el año pasado hicimos una campaña en Nueva York para conseguir que España ocupara un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU que finalmente logró.
-Los propios guardiamarinas reconocen que se trata de una experiencia que puede hacerse larga y dura. ¿Qué supone para un marino realizar su formación en el Juan Sebastián Elcano?
-Es un barco tradicional de navegación a vela, por lo que la vida se hace a la intemperie en su mayor parte y para ellos es la primera navegación larga que les permite familiarizarse con el medio en el que van a realizar su profesión. Respecto a la vida, aquí se trabaja duro, las velas son el equivalente a la mitad de un campo de fútbol y eso requiere un esfuerzo físico. Ademas somos muchos a bordo, cerca de 260 entre dotación y alumnos, y esto fomenta obviamente una cultura de convivencia y tolerancia.
-¿Cuánto tiempo dura el viaje?
-Aproximadamente sobre seis meses. Algún día más es lo que nos ha llevado este viaje, salimos el 10 de Enero de Cádiz y ahora estamos en Marín hasta el 17, cuando iniciaremos el viaje de regreso a la base: primero a Cádiz y luego a San Fernando.
-Aunque antes los ciudadanos tendrán la posibilidad de visitar uno de los barcos que más cariño provoca, ¿qué tiene que lo hace tan especial?
-Es obvio que no es algo que se pueda ver todos los días, hay muy pocos barcos en el mundo como este y cada vez que llegamos a un puerto es una oportunidad única para familias enteras de todas las edades. Además, tenemos el orgullo de poder decir que, en sus 88 años de vida, es el que más tiempo de navegación acumula de la historia gracias a todas las horas empleadas en sus viajes que suman 35 años.
-No todas las partes del navío se pueden visitar, ¿cómo guían a la gente?
-El barco está habitado por mucha gente, por lo que no podemos proporcionar la posibilidad de acceder a lugares en los que se desarrolla la vida de nuestra dotación pero sí que intentamos enseñar todo lo que podemos de la cubierta y algún espacio de interiores para que se hagan una idea de como es.
-Después del hallazgo de los 127 kilos de cocaína a bordo del buque el año pasado, ¿se ha hecho algún cambio en las medidas de seguridad del propio buque?
-Ese fue un episodio deplorable en nuestro historial pero un momento aislado o los comportamientos individuales no pueden arruinar el trabajo duro de muchos años. Hemos puesto nuestra ilusión y esfuerzo para que le barco continúe siendo motivo de orgullo y admiración, obviamente se han reforzado las medidas de seguridad y podemos decir que durante este crucero hemos recibido a bordo a casi 40.000 visitantes sin que haya ocurrido ningún incidente.