Si la situación no fuera tan seria les diría que vivimos en un día de la marmota perpetuo en el naval. Mensajes que se pactan y repiten una y otra vez aunque carezcan de rigor alguno. Se pronuncian sin rubor, sin importar el grado de conocimiento sobre la materia que tenga el destinatario y sin el menor atisbo de pudor por la más que firme posibilidad de que se destape la trampa.
Y así, semana a semana nos topamos con los mensajes engañosos que se dicen sin que nadie pague responsabilidad alguna. ¿Cómo si no se puede asegurar que Navantia tiene en Ferrol contratos por valor de 400 millones extendiendo la idea de un pequeño maná de ocupación mientras que el único buque en construcción apenas si emplea a doscientas personas y va a trompicones? ¿Y sobre el dique? ¿Han tirado la toalla de entender algo, se han rendido ya tras el cruce de versiones oficiales entre Madrid y Bruselas? El debate ha quedado para ellos a tablas porque ni la SEPI ni la Dirección General de la Competencia se han apeado de sus versiones, siempre con matices, arrimando el hombro a sus intereses. Y por el medio, el juego político en O Hórreo, un ring en el que se repiten mensajes y se hacen brindis al sol escenificando una unidad ficticia. Miren la ley del sector naval o la petición de autonomía para la Navantia gallega.
En este ruido constante se quedan sin pronunciar los mensajes que de verdad tienen interés. Navantia desvía trabajo a Andalucía argumentando el retraso en el flotel pero ¿han escuchado en algún momento las causas de esa demora y quiénes son sus responsables?