Nos hemos decidido a escribir esta carta para dejar testimonio del humilde, pero profundo, agradecimiento que tenemos en mi familia hacia la Guardia Civil y especialmente a los guardias que hace tan solo un mes salvaban la vida de mi marido. Todo sucedió a partir de la media tarde del miércoles 28 de agosto, cuando mi marido fue al puerto de Sismundi, en Cariño, a fondear el barco. Como no regresaba a casa, después de varias horas de agónica espera, terriblemente preocupada y temiéndome lo peor, alerté al servicio 112 de la desaparición de mi esposo, José Ángel, y ese fue, sin duda, mi gran acierto.
El resto fue obra todo de la Guardia Civil. Al poco rato de hacer la llamada, coincidí en Sismundi con las dos patrullas que se desplazaron para interesarse por mí y por localizar a mi marido. Bueno, digo interesarse aunque lo que hicieron merece otros calificativos, no encuentro palabras. Los guardias civiles, al ver desde tierra y juntos en el mar el barco de mi marido y la pequeña lanchita que usamos para llegar hasta él no dudaron un segundo en proponerse llegar a los barcos cuanto antes, y lo hicieron enseguida, a bordo de una barquita a remos que ellos mismos manejaron. Y gracias a Dios que fue así, porque gracias a su decidida actuación, mi marido está ahora vivo. Lo encontraron desvanecido en la cubierta del barco, y tras ser evacuado a un centro hospitalario, se certificó la gravedad de su estado. Entró en coma inducido.
Hasta en eso, en el trato que dispensaron a mi marido mientras estuvieron con él, acertaron los guardias civiles, ya que para no moverlo sin conocer su estado físico remolcaron hasta el puerto el barco grande con la auxiliar, a la vez que requerían la presencia del 061 y seguían por teléfono las indicaciones de los médicos. Hoy, mi marido está mejor, en planta del Juan Canalejo, recuperando su salud, y yo, como no puede ser de otra manera, inmensamente feliz y a su lado. Siempre habíamos oído hablar de la vocación de los guardias civiles, nosotros hemos tenido la desgracia de tener que comprobarla, pero la fortuna fue recibirla.
Quiero transmitir a esos guardias civiles nuestro más sentido agradecimiento. Su esfuerzo vivirá siempre entre nosotros.