A ustedes qué les da tiempo a hacer en cien días? Poca cosa, seguro. Pero si en vez de un vecino cualquiera fuesen alcalde de la ciudad, y en lugar de gestionar su economía familiar, hiciesen lo propio con la de todos los ferrolanos, aprovecharían esos tres meses y medio al máximo. Máxime si ese período de adaptación va a ser mirado con lupa.
En la práctica, el balance de los primeros cien días del gobierno municipal tiene más de mimetismo que de análisis, e independientemente de lo acontecido en ese período marco, los adjetivos que se lanzan desde la oposición suelen ser los mismos, hasta tal punto que si empleásemos el discurso de unos para con los otros, y viceversa, no habría lugar a contradicciones. Incluso, si recuperásemos los parlamentos empleados en pasados ejercicios, no quedarían caducos.
En la medida de lo posible, cada ejecutivo emplea estos cien días para sacar al escaparate lo mejor de cada gestión, aprendiendo de los errores del pasado, y adaptándose a las circunstancias de cada momento. Las críticas surgen tanto para el que invierte como para el que prioriza, para el que se sube el sueldo como para el que contiene la inversión, para el que invierte en gasto social como para el que recorta, para el que se expone mucho ante los medios como para el que se refugia en el despacho, para el que vende humo como para el que calla en sus propósitos futuros. Es así el protocolo de actuación, no hay otro, sino no se haría balance.