Sitiados por el mercado de la droga

Luís A. Núñez NARÓN/LA VOZ.

FERROL

Tras más de veinte años, los vecinos de Amenadás asimilan como algo inherente a su barrio el ser la puerta de entrada al mayor punto de venta del norte gallego

25 oct 2010 . Actualizado a las 13:03 h.

Los causantes de la situación en la que vive su barrio son «os políticos». Es algo en lo que coinciden varios vecinos de Amenadás, construido a mediados de los ochenta a escasos metros del campamento de Freixeiro, el que se supone el mayor mercado de la droga del norte gallego. «Porque non lles interesa levalo de ahí», argumenta un residente que asiste, desde que se mudó al barrio, al trasiego de drogodependientes frente a su casa.

Aunque nunca se ha reconocido oficial y públicamente la existencia de un mercado de venta de droga, «basta con vir un par de días por aquí para ver o que pasa». A escasos metros del campamento, tres grilleras del Cuerpo Nacional de Policía cumplen un efecto disuasorio que limita el número de entradas. «Si no, un viernes cualquiera hemos contado hasta quinientos coches», indica otro residente. Todos en dirección al punto de venta.

Pero la presencia policial de poco sirve cuando el mono aprieta y muchos se las ingenian para saltarse los controles. «Téñeno todo estudiado; teñen os seus métodos», analiza un tercer vecino que, al igual que los anteriores, prefiere no identificarse. Y es que los residentes de Amenadás viven una cierta calma por la que «a nós non nos fan nada» y apenas se registran atracos en el entorno; y no quieren que esa situación cambie y se repitan los altercados de principios de los noventa, con verdaderas batallas campales entre los vecinos de las viviendas sociales y los habitantes del campamento.

Ahora, la tensión está asumida como algo inherente al barrio. Los vecinos saben que sus niños no pueden jugar con tranquilidad en la calle o que no pueden ampliar sus horizontes más allá de sus portales. «¿Con qué ejemplo crecen?», clama el propietario de un terreno aledaño al mercado de la droga, un espacio que utilizan a menudo los drogodependientes para inyectarse, como en tantos otros lugares en el recorrido que une la calle Amenadás con el barrio de Santa Cecilia siguiendo las antiguas vías de tren.

Es, precisamente, ese barrio por el que más temen los vecinos de Amenadás. Y es que ellos aguantan estoicamente con su vela, pero reconocen que «o de Santa Cecilia é peor». En efecto, la preocupación se ha elevado en los últimos meses después de registrarse varios atracos en las inmediaciones del cementerio parroquial, e incluso intentar forzar la puerta de la iglesia para financiar la dosis con el dinero del cepillo.

Pero algunos señalan que «es lo de siempre». Se refieren a la procesión de personas que se acercan a pie hasta el recinto para comprar sus dosis. Preocupa más en el vecindario la romería de coches que entran a diario y que proceden de lugares muy dispares: «Dende Carballo ata Santander», indican los atentos vecinos que, a fuerza de años, han desarrollado un instinto especial para reconocer el convoy. «E non son sempre coches destartalados, tamén entran algúns que meten medo, coches de moitos millóns» de las antiguas pesetas.

El cierre de mercados de la droga como el de Penamoa, en A Coruña, ha empujado hacia Freixeiro a un importante colectivo de clientes. Pero no solo de esa parte, sino que «ves un papel con el que se han limpiado y dejan tirado en el suelo sobre las fiestas de Burela», explica un vecino, y entonces comprenden la trascendencia que tiene la peregrinación a su barrio.

Eso sí, celebran la intervención policial: «A cousa leva varios días parada porque están esas grilleiras». Además, agentes de la Policía Local han iniciado recientemente un plan de controles aleatorios de todos los vehículos que se dirigen al campamento. El objetivo es el mismo del cuerpo estatal, el de disuadir y aminorar el tráfico de drogas delante de sus narices. Y, mientras tanto, los vecinos esperan a que la pesadilla concluya.