En el latido militar de Ferrol

Alba Lago FERROL/LA VOZ.

FERROL

El Concello prevé ya repetir durante Semana Santa y el próximo verano las visitas guiadas al Arsenal, en las que participaron más de seiscientas personas

12 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Más de seiscientas personas, 627 en concreto, conocieron este verano el Arsenal gracias a las visitas guiadas que ofreció el Concello dentro del programa Ferrolaneando, las cuales prevé repetir en Semana Santa y a lo largo del próximo estío. A pesar de que no hay datos específicos, la percepción indica que fueron sobre todo turistas, aunque la presencia de ferrolanos fue mayor de la esperada.

Unos y otros pudieron descubrir en su interior que en verdad Ferrol da identidad a dos urbes, de las cuales la segunda se deja intuir en una de las plazas de la primera: la de Galicia. Allí donde quiere emprender el vuelo la Victoria alada que recuerda a los caídos en las campañas de África y donde resisten los que no cayeron ante las circunstancias: los escudos republicanos que presiden la entrada del edificio de Correos.

Porque, al desviar la vista, se comprueba que el primer Ferrol termina de manera violenta en un muro que hace despertar una curiosidad terrible. ¿Qué hay al otro lado? Este interrogante se instala en uno y ya no le abandona. Es el Arsenal Militar la respuesta. Urbe antípoda de la Atlántida, pues mientras la isla legendaria yace bajo el mar, el territorio que nos ocupa se extiende sobre él. Todo el terreno de estas dependencias de la Armada le fue ganado al océano.

La superficie constituye una villa paralela porque detrás de las murallas emerge un mundo autónomo, que cuenta con oficinas bancarias, instalaciones sanitarias e incluso una pista de tenis y un campo de fútbol. Este es el secreto que guarda la pared abrupta. Pero que no cunda la decepción antes de tiempo.

Argumentos

Hay argumentos para sostener que el Arsenal de Ferrol es, si no el mejor, de los mejores del mundo. Empecemos por establecer que las construcciones de esta naturaleza predominaron tradicionalmente en tres países: Francia, Reino Unido y España. Continuemos haciendo referencia a las guerras mundiales, contiendas de las cuales las estructuras de las dos primeras naciones no salieron ilesas. Finalicemos, pues, en el ámbito español, y expliquemos que el granito de la zona de Ferrol dotó a su Arsenal de un material de mayor calidad que el que presentan los de Cádiz y Cartagena. No en vano, este universo aspira a ser Patrimonio Mundial.

El arte también determina su singularidad. A mediados del siglo XVIII, cuando el barroco modela la fachada del Obradoiro de la catedral de Santiago, en Ferrol ya se deja sentir el estilo nuevo. La armonía y sencillez neoclásicas que desprende el edificio de la antigua Sala de Armas dan cuenta de ello. Al igual que los arcos de medio punto horadados en las construcciones porticadas que se erigen a ambos lados.

Y llega el momento de sincerarse. Porque el Arsenal es una ciudad aparte, pero no quiere esto decir que una brecha insalvable lo separe del otro Ferrol. El muro no contuvo al arte, y es por ello que el equilibrio neoclásico inunda los diferentes barrios.

La casa de la Armada alimenta al territorio de fuera y viceversa. En el arte, sí, pero también en los demás ámbitos de la vida. Es en este punto, y aquí radica quizás el principal secreto que encierra la muralla, cuando uno se percata de que las dos urbes respiran el oxígeno bombeado por un mismo corazón. Un corazón, eso sí, que palpita al ritmo de dos latidos diferentes.