El retiro cedeirés de una bailarina belga

Beatriz Antón beatriz.anton@lavoz.es

FERROL

Hay vidas tan intensas, tan llenas de experiencias, que serían perfectas para llevarlas al cine. O para plasmarlas en un libro, sobre el papel. Eso es lo primero que una piensa cuando escucha la historia de Axelle Van de Woestyne , una belga de 68 años afincada en Cedeira desde ya hace unos quince, y cuya vida, ciertamente, podría inspirar una novela. Durante su juventud, Axelle fue bailarina del Ballet del Siglo XX de Maurice Béjart , uno de los grandes renovadores de la danza, y allí llegó a alcanzar la categoría de petit sujet , lo que en España se denomina semisolista. De aquella época recuerda muchas cosas, pero sobre todo lo «durísimo» que era Béjart como profesor y la enorme suerte que tuvo ella al poder conocer en persona a la gran Margot Fontaine , protagonista de algunos de sus montajes. «Era una mujer increíble; cuando la veía bailar se me cortaba la respiración», explica Axelle echando la vista atrás.

Pero la historia de esta aventurera belga no termina ahí. Porque, formando aún parte del ballet de Béjart, Axelle conoció a finales de la década de los cincuenta a una persona que le cambió la vida: José Luis Muñoz . Este betanceiro formaba parte de la mítica orquesta Los Españoles , una formación gallega que giró por toda Europa durante los años 60 y que incluso grabó varios discos con Bert Kaempfert , el primer productor de The Beatles . Axelle se enamoró de José Luis, y en 1961 se casaron en la catedral de Bruselas, donde solo unos meses antes se habían dado el sí quiero Fabiola y Balduino. Durante algún tiempo compaginó las giras de su marido con el ballet, pero al final terminó por abandonar la danza. Junto a Muñoz, Axelle recorrió infinidad de países -desde Estados Unidos a Suiza, pasando por México, Noruega, Finlandia, o Suecia-; asistió a los Juegos Olímpicos de Tokio -donde Los Españoles tocaron en 1964-; y conoció a figuras de la música como Marisol , Julio Iglesias , Nana Mouskouri y Pucho Boedo . «Con Pucho actuaron en Suiza a finales del año 1961 y poco después grabaron un disco juntos en Zúrich», apunta Axelle con los recuerdos todavía frescos.

¿Piensan que la vida de Axelle no les puede deparar más sorpresas? Pues se equivocan, porque tras la dolorosa pérdida de un hijo y la separación de su marido, esta mujer inquieta y aventurera sacó fuerzas de flaqueza para iniciar una nueva vida en Madrid. Allí se estableció junto a su hija, Patricia, y poco después el destino quiso llevarla hasta la sede de la ONU en Nueva York, donde en 1975 trabajó como intérprete para la misión diplomática española. En 1977 se marchó a África, como vicecónsul honorario de España en Benín (porque Axelle tiene la doble nacionalidad), y tiempo después regresó a Madrid, donde a finales de los años ochenta conoció a su actual pareja. Casualidades de la vida, resultó ser gallego. Y también Muñoz. «Lo conocí en casa de unos amigos y me puse a hablar con él porque hablaba francés... ¡Pero al final resultó ser de Cedeira!», cuenta Axelle entre risas.

¿Es o no es de película la vida de esta mujer? Ahora, cerca de los 70, Axelle ya no baila sobre el escenario, ni hace de intérprete en la ONU, ni se codea con altos cargos diplomáticos. Pero sí hace algo que le encanta: disfrutar de su retiro en Cedeira , «un lugar tranquilo» en el que ha logrado «encontrar la calma después de tanto ajetreo». Y en donde, además, le ha dado tiempo a escribir la historia de una vida de novela. La suya propia.