Frente a la crisis económica, el presidente del Club Gastronómico Rías Altas propone, como receta para salir adelante, «traballar moito e ter confianza»
21 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«De segundo apelido chámome Vidal, José Martínez Vidal, pero aí ponme Parrulo, porque todo o mundo me chama iso, O'Parrulo. ¿Que se non me parece mal que me chamen así? ¡Home, pois xa ves...! Cando mo chama a muller...». Martínez, cuya vida profesional se ha desarrollado entera en Ferrol, es, quién lo duda, uno de los más ilustres hijos del municipio de Irixoa, contiguo a Monfero y otro de esos territorios que sirven de puente (es una manera de hablar...) entre las Mariñas y la Terra Chá. Tan famoso ya a estas alturas, casi, como aquel también irixoano Pedro do Ambroa, de profesión poeta medieval (maestro de la cantiga de escarnio, por cierto), del que en el siglo XIII se cantaba su promesa de peregrinar a Tierra Santa... sin que constase nunca que, entre tanta fiesta-jolgorio como ya entonces había, llegase allá.
«Pois téñoche oitenta anos, ¿que che parece?», pregunta O'Parrulo. En 1958, junto a su mujer, Celestina, abrió una tienda de ultramarinos, en la que comenzó a servir las primeras comidas a los obreros que trabajaban en las obras de alrededor. Muchas de aquellas comidas (eran también aquellos tiempos duros) no quiso cobrarlas nunca. Sabía bien que había quien no podía pagar.
Ahora vivimos de nuevo momentos de estrecheces económicas. Pero él dice, con la mayor de las sinceridades, que no «nota» la crisis. Ha conocido, comenta, etapas mucho más complejas. Y jamás se asustó ante las dificultades. «O medo é o peor que hai, porque fai que non sirvas para nada», recalca. «Para saír adiante sempre, non hai mellor cousa que traballar moito e sen acobardarse, ter confianza».
«Eu nunca tiven medo das épocas malas. ¡Nunca...!», insiste el cocinero. «E grazas a Deus, co atrevido que fun, sempre fun indo para arriba. Pero iso si: tampouco nunca me doeu nadiña ter que traballar ben duro e sen parar».
Los secretos de la cocina
Cuando le preguntan por los secretos de su cocina, poco dada a extravagancias, dice, cómo no, que «empezar por ter un moi bo produto é principal». «Á xente o que de verdade lle gusta, cando vén a un restaurante, é comer boa cousa, ben feita e en abundancia. Iso é o principal». Del cocido, tan propio de estas fechas y plato en el que es un verdadero experto de fama incuestionada, dice que «como a todo, haille que ter o punto». Y echarle, además de las mejores carnes, «grelos de Monfero, que non hai outros que se lles poidan comparar».