Formar una lista sólida para concurrir a unas elecciones autonómicas es una tarea complicada. Lo había logrado hasta la fecha la que se dio en llamar «a cuarta vía», Terra Galega. Con apenas dos años de vida, logró un excelente resultado en las municipales del 2007. 33.615 votos que respaldan una manera de hacer las cosas, mayoritariamente formada por bases independientes y sólidas de distintos ayuntamientos de toda Galicia, centristas de corazón en el sentido amplio de la palabra.
Pero este partido se ha convertido ahora en algo frágil, en ese hueso de pollo que todos se disputan en la comida y que agarrarlo por la pata más gruesa no asegura llevarse la parte más grande. El que iba a ser el primer congreso para fijar las pautas de su candidatura a la Xunta se ha convertido en esa mesa de la fractura.
Dos nombres sostuvieron ese hueso hasta el sábado. Pablo Padín, ex conselleiro de Sanidade entre los años 1987 y 1989; y Xoán Gato, uno de los pesos pesados del municipalismo independiente y actual alcalde de Narón. Y fue el primero el que rompió el hueso al segundo, contrario a una lista en la que se barajaban nombres de primera fila (Juan Miguel Diz Guedes o Carlos Marcos, por ejemplo) escindidos de grandes partidos como PP o PSOE. Gente con tablas en la política a lo grande, afiliados por el sector de un Padín que preside Terra Galega por perro viejo.
Gato, por su parte, reunió a un nutrido grupo que forma las bases del partido para buscar su particular toma de la Bastilla: una renovación de las listas, sí, pero con gente nueva que no estuviera ya quemada por el día a día de la política, para dar frescura a la imagen del partido y para decantar la torre hacia su lado.
La semana pasada denunció un intento de «secuestrar» el partido. Como secretario general, alegó desconocer los detalles de las nuevas filiaciones aportadas por Padín. Se apoyó en más del 90% de la estructura del partido y lanzó su ataque. Pero negarse a acudir al congreso no dio el fruto esperado. El hueso ya estaba roto y la cita de Terra Galega se celebró.
Como resultado, de las filas de Ferrolterra salió el nuevo secretario general, el portavoz del partido en Cedeira, Xermán Tobío, y los gatistas amenazaron con impugnar el congreso ante los tribunales.
Fuentes consultadas en el partido tienen la esperanza de que ese niño de apenas dos años que iba dejando el gateo para ponerse en pie salga de la cuerda floja con un pacto a tiempo para no perder el carro autonómico.