Un alemán con mucho arte

Beatriz Antón redac.ferrol@lavoz.es

FERROL

23 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

El primer protagonista de esta Mirilla de viernes es de esas personas que no se olvidan fácilmente. Ya sé que una conversación no siempre es suficiente para juzgar a alguien. Pero a mí me ha bastado para saber que Klaus Peter Noever -o Claudio el alemán , como lo conocen en la parroquia ortegana de Espasante- es alegre, divertido y también algo bohemio. Pero empecemos por el principio de la historia, que si no se me van a perder. Resulta que hace ya casi 50 años, Klaus Peter Noever y su mujer Anna llegaron a Galicia «buscando soledad». El destino quiso llevarles a Espasante y así fue como empezó una relación que perdura hasta hoy en día. Desde 1958, Klaus -ahora ya viudo- pasa largas temporadas en la parroquia ortegana. Allí tiene una casa-taller, algunos amigos y recuerdos de toda una vida. Por ejemplo, los que le devuelven a la memoria las imágenes de cuando, allá por los duros años sesenta, Claudio se llevó a Alemania a cerca de un centenar de orteganos para trabajar en empresas de amigos suyos. O de cuando su hijo pequeño tuvo «roces eróticos» -como él mismo cuenta entre risas- con una señorita de Ortigueira que terminaría por convertirse en su esposa. Son cosas que todos conocen en el pueblo. Pero lo que muchos no saben es que Klaus es un artista muy reconocido en Europa y que, ahora, por primera vez, su obra se puede ver en una galería de A Coruña.

Pues sí, un buen día, dando un paseo por Espasante, el galerista Antonio Garrido se topó con una casa con las ventanas abiertas de par en par... Y vio mucho arte en su interior. Quiso saber de quién eran esas obras y fue así como, preguntando, preguntando, dio con Claudio el alemán . No tardó mucho tiempo en proponerle hacer una exposición y Klaus aceptó encantado. El resultado es Positivo negativo (catedral ), que estos días se puede ver en la galería Pardo Bazán de A Coruña . Se trata de una instalación creada específicamente para el espacio artístico que dirige Antonio Garrido y a la que dan forma una serie de biombos modelados por el artista germano como si fuera vidrieras de una catedral. «Con más de 200 exposiciones, Klaus tiene un currículo impresionante: me llamó la atención que alguien como él nunca hubiera expuesto en Galicia, a la que se siente tan unido, y por eso le propuse hacer esta exposición», me cuenta Garrido desde A Coruña. Lo que tal vez no sepa el galerista es que Klaus ya ha dejado su huella artística en Espasante. Con un español casi perfecto, el alemán me explica que las vidrieras y el vía crucis de la capilla de San Antonio salieron de sus manos. Tendré que acercarme a verlas. A ellas, las vidrieras. Y también al artista. «Para llegar a mi casa pregunta por Claudio y pronto la encontrarás», me dice antes de despedirnos. Así lo haré, Klaus. Pilar Montero inaugura nuevo estudio. Y de un artista pasamos a una fotógrafa ferrolana. Pilar Montero empezó a flirtear con las cámaras y los objetivos con sólo quince años. Luego estuvo trabajando en laboratorios y tiendas de fotografía y se marchó a Santiago a estudiar en la Escuela Mestre Mateo . Y finalmente regresó a su ferroliño natal para abrir su propio estudio en la calle de la Tierra . De eso hace ya doce años y, como a Pilar le va eso de renovarse o morir, la fotógrafa ha decidió pegar un cambio y trasladarse de local. Para encontrarla, sus clientes no tendrán que dar muchas vueltas, porque Montero se ha mudado del número 56 al 42 de la calle de la Tierra. Ahora trabaja a sólo cincuenta metros de donde lo hacía antes, pero el cambio ha sido radical. «Este nuevo local tienen una imagen mucho más moderna y también hemos hecho un esfuerzo por diferencias los distintos espacios del estudio», explica Pilar. Si lo quieren ver con sus propios ojos no tienen más que darse una vuelta por allí mañana, a las ocho de la tarde, cuando tendrá lugar la fiesta de inauguración. Vida en el Sáhara. Y hoy me despido de todos ustedes con una proposición: que se pasen cuando puedan por el Toxos e Frores para ver la interesante exposición que hasta allí ha llevado esta semana la oenegé Solidariedade Internacional . A través de fotografías y utensilios de uso cotidiano en los campos de refugiados, los visitantes que se acerquen a la muestra podrán hacerse una idea de lo durísima que debe ser la vida para la población saharaui desde que en el año 1975 Marruecos invadió su territorio. En fin, que si pueden, no se la pierdan. Y ahora la que se pierde soy yo, porque me quedo sin espacio. Les pierdo... Adiós.