CONTRAPUNTO | O |
27 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.CUENTAN UN diáologo de besugos entre el general Franco y el cardenal Quiroga, en 1962, cuando se preparaba un Año Santo que el purpurado quería relanzar. Quiroga le pidió a Franco la ampliación de Lavacolla porque esperaba miles de peregrinos vía aérea. Y Franco le contesto: ¿Y si no vienen? El cardenal, con más retranca que el militar, le repreguntó: ¿Y si vienen? Ocurre lo mismo con el puerto exterior. Madrid sugiere que se ponga andar la primera fase para ver como funciona y luego se verá si atrae más industrias u operadores portuarios. Pero puede suceder que agotadas las actuales explanadas podemos encontrarnos con que no haya capacidad para nuevas oportunidades. ¿Y si vienen más?, habría que preguntarle a Madrid. Caneliñas despierta tantas expectativas como el Año Santo. Pero no ha de olvidarse que es sólo una infraestructura. Su utilización correcta, como una carretera, un polígono, o una nueva vía de tren, es ya un problema local, de Ferrol y sus representantes públicos. Se comprende que Puertos del Estado exija financiación privada, es decir, que los grandes operadores interesados en Caneliñas aporten también su capital porque es un condicionante que pone la Unión Europea para este tipo de servicios. Pero no se atrae al inversor sin elementos sustanciales. El nuevo puerto, evidentemente, es un reto para todos. En primer lugar para los ferrolanos pero también para quienes apuestan desde Santiago y Madrid por su viabilidad. El futuro es una combinación de todos los elementos, infraestructura, capital en euros y capital humano y también I+D. Tendrá que llegar el día que Ferrol deje de llorar ante Madrid y pueda elevar el vuelo por si sola, como ciudad capaz de salir de la crisis. El aislamiento por carretera está roto, la planta de gas será realidad, y Caneliñas también. Entonces nos preguntaremos, ¿vienen o no vienen?