Algo más que modernismo

Francisco Varela FERROL

FERROL

Reportaje | Ferrol a los ojos de un joven arquitecto El barrio de A Magdalena ofrece la posibilidad de un recorrido por dos siglos de estilos, desde las obras de autor anónimo hasta Art-Déco, neorregionalismo, imperial y monumentalista

05 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

El reciente libro del arquitecto Pablo Rey ( Ferrol: De la arquitectura anónima a la de autor ) propone un recorrido diferente por la ciudad. El joven técnico nos recuerda que no sólo existe modernismo en el barrio de A Magdalena, obra del Estado y con gran aportación de autor anónimo. Alejo Carpentier en su libro de homenaje a La Habana ( La ciudad de las columnas ) se sorprende de lo serpenteante de muchas calles de la zona vieja colonial, para evitar el sol, como en la tórrida Andalucia. En Ferrol, que ha de verse en su conjunto, insiste Pablo Rey, las calles a cordel fueron trazadas para recibir los rayos del sol. Unas ordenanzas muy detalladas obligaban a unas alturas, un ángulo determinado de tejado, para que la la combinación de la radiación solar y las fachadas de galerías hiciesen que no fuese necesaria la calefacción durante los meses fríos. Luego vino la especulación, rompiendo alineaciones y normas... Pero todavía queda ciudad sin demoler y por eso Rey nos propone un recorrido diferente con espíritu abierto. Detenerse en casas de Espartero, de Ferrol Vello, otrora zonas de gran prestigio social. Las fachadas se conservan tal cual fueron levantadas hace un siglo, sin que sus plantas bajas fuesen destruidas para incorporar más escaparate al comercio instalado en el inmueble. Pero la parte más interesante del libro se encuentra en la cronología de estilos. Así, una casa de las más antiguas, que incluye en su catálogo, es la actual sede del Ateneo, levantada en el siglo XVIII y donada a la ciudad con el legado Carvajal. A pesar de su valor arquitectónico se desconoce su autor. El inmueble es de cantería labrada y rejería de diseño barroco. Las partes del muro en mampostería se mantienen revocadas y enlucidas en blanco, como en sus orígenes. Con el siglo XIX llega la arquitectura ecléctica y culta, con balcones con pomos de cristal de color, ménsulas zooformas y decoración de sobredienteles con motivos naturalistas y antropomórficos, como vemos en la calle Real. El recorrido por el siglo XX es, sin duda, el que puede ofrecer mayores novedades al lector. Es aquí donde se recuerda, además de los edificios de Rodolfo Ucha (Casa Romero, El Correo Gallego, el Casino Ferrolano...), que también existe el estilo racionalista, como la residencia de suboficiales del Ejército que se encuentra en la plaza de Canido, o el Art-Déco, apenas conocido y que aparece en edificios como el de Ferretería Blanco en la calle Galiano y en la esquina de las calles Arce e Iglesia. La arquitectura ornamentada, como la que venos en el cine Avenida, corresponde a la fase de posguerra civil monopolizada por sólo dos o tres arquitectos. Pablo Rey lleva por último, al caminante hasta las edificaciones contemporáneas, como el conocido como edificio Fondomar, en la plaza de Ultramar, tras una fase, de los 60 a los 80, bien definida como de no arquitectura, de destrucción de patrimonio y triunfo de la especulación urbanística.