OPINIÓN | O |
07 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.ENTENDIENDO el presente como aquel punto en el suceder temporal donde confluyen añoranza e ilusión, ayer y mañana, los albores de cualquier período se presentan como el momento propicio para reflexionar sobre lo pasado mientras se planifica el porvenir. En consecuencia, parece procedente, sino necesario, afrontar ahora, en enero, ese duplo ejercicio. Ha finalizado un año de claroscuros. Concluyó la construcción de la AP-9, las obras del puerto exterior avanzaron incluso mejorando los plazos previstos inicialmente, abrió remozada por completo la pescadería de Ucha, llegaron nuevos alumnos a las escuelas militares, comenzó a vislumbrarse lo que será la autovía de Vilalba y el Ejecutivo prometió en firme un AVE a Bilbao. Por contra, el fuel del Prestige provocó angustia en las gentes del mar, los trabajadores de Izar Fene vivieron desde agosto un permanente lunes al sol, la ciudad perdió 750 habitantes... Arranca este 2004 prometedor: se inaugurarán el nuevo Jofre, el complejo cultural de Herrerías, la sede de la Fundación Caixa Galicia, el conservatorio, el párking de la plaza de España. Además, se prevé que empiecen la reforma de A Magdalena y las obras de la planta de gas, del estacionamiento de Amboage y del auditorio. Llegará el primer trasatlántico. Son motivos fundados de alegría, sin duda. Pero no todo vendrá dado. El gobierno municipal deberá resolver sus diferencias internas sobre el plan para sanear la ría, e impulsarlo definitivamente. Tendrá que negociar la creación de suelo industrial, de modo que mengüe el desempleo y la población aumente. Habrá de seducir al capital privado, convencerlo de que Ferrol también existe. Y llamar a las puertas precisas parar lograr que los servicios básicos (sanidad, policía, transporte...) al menos se equiparen a los prestados en el resto de urbes gallegas. Si lo logra, el futuro dejará de ser algo más que simple esperanza.