La brisca del siglo XXI

De las cartas tradicionales y los juegos más emblemáticos como la brisca o el tute, a barajas que nada tienen que ver: ogros, magos, hechizos y mil formas de ser jugador. Batallas y competiciones en la Red, cartas gratuitas disponibles en cualquier dispositivo o incluso de adquisición por pago electrónico o en quioscos

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La imagen es sencilla. Una mesa, cuatro jugadores, un tapete verde visiblemente gastado y algún gintonic sobre la mesa o apoyado en un taburete cercano. Alrededor el público, que también dicta sentencia. Es la estampa que durante décadas hemos asociado a esa tasca de barrio, a la taberna del rural, típica y recordada. Tute, brisca, escoba… Pequeños y mayores han dedicado alguna (o muchas) tardes de su vida a tratar de salir victoriosos de la mesa. Las cartas siempre han sido objeto de diversión, trucos y juegos; y si muchos definen a Internet como la barra de un bar, no es de extrañar que los juegos de cartas coleccionables, también triunfen en la Red.

En su mayoría, ninguno de los títulos de cartas más populares entre la comunidad de jugadores mantiene las reglas de la brisca o el tute. Es más, por no seguir, no siguen ni el estilo de la baraja, que obviamente no tiene copas, ni oros; tampoco corazones o diamantes. En su defecto nos encontramos criaturas fantásticas, cuidados diseños de ogros y magos, junto a potentes hechizos y maldiciones que potencian o destruyen las cartas ya lanzadas. ¿Hablamos de Magic? Podría ser. El popular juego de cartas coleccionables diseñado en 1993 por Richard Garfield sería el padrino de estos videojuegos, en los que los enfrentamientos alcanzan cotas de alta competición. Pensadas estrategias mezcladas con azar que entran dentro de la categoría de deporte electrónico, y por las que el jugador, de ser bien ejecutadas, puede alzarse con suculentos premios.

Blizzard, la compañía responsable de World of Warcraft, Diablo, Starcraft y Overwatch nunca da puntada sin hilo. Hearthstone (abreviado HS) es el juego de estrategia con cartas más popular del mundo, y el germen de que otras compañías apostaran por la creación de títulos similares. Más de setenta millones de jugadores entrando a la vez a esta peculiar taberna no pueden estar equivocados, cifra alcanzada en abril de este año.

En Hearthstone, el objetivo es simple: dejar sin puntos de vitalidad al rival. Para ello se han de ir jugando cartas, según su coste de cristales (a medida que pasan los turnos podremos jugar cartas más potentes), sobrepasar la defensa del contrario y… ganar. La premisa es muy simple, y aprender a jugar es muy sencillo. ¿Cuál es la trampa? Que es increíblemente adictivo, y bajo una premisa de juego facilón se encuentra un auténtico conglomerado de estrategias, posibilidades y auténtica maestría. Estos factores vienen dados porque cada jugador construye su mazo en base a las cartas que el juego le proporciona gratuitamente (su descarga es gratis), las que va obteniendo según completa misiones y las que compra en sobres adicionales (como ir al quiosco del barrio a por unos cromos). Es ahí donde Blizzard tiene su fuente de ingresos principal, como es habitual en juegos de este tipo, a través de los micropagos. El jugador casual quizás prescinda de ellos, pero una vez deje de nadar y quiera bucear, caerá en la tentación de mejorar su colección. Además de la versión en PC, existe una versión para móviles, lo que ha propiciado una mayor expansión entre personas ajenas al mundo del videojuego.

Desde su lanzamiento en el 2014, no pocas compañías han apostado por tratar de repetir su fórmula. Quizás la más acertada haya sido la polaca CD Projekt, la misma que llevó las aventuras del brujo Geralt de Rivia a las consolas, y se ganó a la crítica y al público de por vida a través de una trilogía que pasará a la historia de los videojuegos. El Gwent era un minijuego de cartas incluido en The Witcher 3 gracias al cual el jugador podía pasarse horas compitiendo contra los NPC (non-player character, personaje no jugador). Muchos usuarios pidieron una versión más completa e independiente, y los deseos se hicieron realidad. También gratuito, se ha convertido en el único título que puede hacer sombra a Hearthstone, aún cuando se encuentra en fase de beta abierta. Su futuro es prometedor, y la comunidad le ha otorgado críticas muy positivas.

Obviamente, el juego online sigue dominado por el Póker y derivados. Hace una década, aplicaciones y páginas como PokerStars irrumpieron con un éxito arrollador. Los juegos de cartas coleccionables se alejan sustancialmente de este tipo de propuestas, y establecen la diversión como objetivo primordial, más que la ganancia de dinero (que también existe, ojo).

Otra peculiaridad de los juegos de cartas online reside en su capacidad para poder ser jugados en casi cualquier dispositivo. Aunque su interfaz es cuidada, no necesita excesiva potencia, por lo que casi cualquier persona puede permitirse su descarga y entrar a la taberna del siglo XXI.

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