El «4 latas» ya es un coche de cine

Su figura inconfundible esconde todo un tratado de la evolución socioeconómica desde la segunda mitad del siglo XX. El Renault 4 pasó hace tiempo a la leyenda. Ahora también es un coche de cine.


Llevaba ocho años descansando de los fastos de su 50 aniversario, que Renault celebró como se merece un coche del que vendió más de ocho millones de unidades. Ahora, una película española, 4 Latas, lo ha sacado de su reposo para dedicarle un nuevo homenaje. El filme de Gerardo Olivares, protagonizado por Jean Reno, nos descubre que el Renault 4 de segunda mano fue hasta hace muy poco un modelo muy deseado en algunos países africanos, adonde llegaban miles de estos automóviles a través de un negocio de importación paralela similar al que tanto éxito tuvo en España el de los Audi, Mercedes y BMW que se bajaban desde Alemania.

De este modo, se cierra el círculo que empezó a dibujar a finales de los cincuenta el presidente de Renault, Pierre Dreyfuss, que buscaba un coche que respondiese a los profundos cambios socioeconómicos que se produjeron tras la Segunda Guerra Mundial en la Europa más desarrollada: las grandes ciudades cambiaban su fisonomía, producto de las grandes migraciones del campo a la urbe, y las nuevas edificaciones se asentaban en las afueras, a veces a varios kilómetros del centro. Por otra parte, el automóvil se democratizaba y dejaba de ser únicamente un símbolo de estatus. «Quiero un coche que sea como un pantalón vaquero: que valga para todo, que no desentone en ninguna ocasión y que tenga un precio asumible para una gran mayoría», le pidió el ingeniero Jean Bertin a su equipo. Por decirlo de un modo directo, el Renault 4 nació con el mismo espíritu que los pantalones de Massimo Dutti. De hecho, su desarrollo se bautizó como Proyecto 350, porque uno de los objetivos de salida era que el coche no podría valer más de 350.000 francos. El círculo que empezó a trazarse en Francia y en la Comunidad Económica Europea -entonces de los 6-, siguió dibujándose con éxito en otras economías menos pujantes pero emergentes, como la española, donde el cuatro latas, como se le bautizó popularmente aquí, fue toda una leyenda al adaptarse perfectamente a las necesidades de un país con una red de carreteras que exigía coches robustos, y que, más allá del mítico seiscientos, ofrecía una aceptable capacidad de carga y una buena habitabilidad interior a un precio: razonable: 84.000 pesetas (504 euros) en 1964. El R4, en sus versiones sedán y furgoneta, fue el tercer coche que fabricó FASA Valladolid. Su producción terminó en 1992. Y todavía se vendieron después unidades elaboradas en Eslovenia. En Sudamérica fue el coche más vendido hasta la llegada del R12 y en la África poscolonial francesa, por lo que nos cuenta la película 4 latas, aún le pone brillo en los ojos a muchos. Quizás porque en este punto del círculo que se va cerrando, y pese a que China se está haciendo a la chita callando con todo el continente, el ciclo económico de estos países ha ido girando con cincuenta años de retraso desde el día en que Dreyfuss soñó con su coche pantalón-vaquero.

El papamovil más humilde

Cuenta Gerardo Olivares, director de la película 4 Latas -estos días en las pantallas españolas- que la idea del guion la tuvo en uno de sus frecuentes viajes a África. «Me encontré en la frontera de Mali a unos franceses tatuados que llevaban en su camión piezas de recambio y partes de maquinaria pesada», recuerda. «Hablando con ellos me di cuenta de que aún había una gran demanda de este tipo de mercancía y fue cuando pensé en hacer la película», en la que Jean Reno conduce junto a un amigo un R4 hasta Mali, donde esperan venderlo y, al tiempo, encontrarse con un viejo amigo con que años atrás hacían con frecuencia este tipo de viajes-negocio. Una road-movie que lleva en el maletero una historia de redención y solidaridad, como la que lleva cada año a organizar el Rally 4L Trophy, que el mes pasado celebró su 22 edición, y que pone en marcha a cientos de cuatro latas cargados de medicinas y otros artículos de primera necesidad desde Europa hasta Marruecos. Un coche humilde que lleva ayuda a los más humildes. Es la razón por la que el papa Francisco guarda con orgullo en su garaje uno de estos automóviles: su R4 fue un regalo de un sacerdote que lo utilizó hasta el día de su jubilación y para Francisco Bergoglio este coche representa el esfuerzo de muchos sacerdotes que, como él, trabajaron a pie de calle en los barrios más necesitados de Sudamérica. Claro que la popularidad del modelo lo ha llevado hasta el otro extremo de sus orígenes: el mítico narco Pablo Escobar lo adoraba tanto como sus Ferrari, Mercedes y Lamborghini. Incluso compitió con uno de ellos en varias ocasiones la Copa Nacional de Colombia. Ya se sabe que Escobar le gustaba presumir de sus orígenes sencillos.

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En algunos barrios de Medellín a Pablo Escobar aún se le considera un héroe, quizá porque Escobar siempre supo maquillar su ambición con una capa de falsa solidaridad y populismo. Sus carreras a bordo de un R4 de competición en Colombia ayudaron a ello.

El furgón del panadero, del electricista, del fontanero

¿Quién no recuerda esta versión furgoneta del Renault 4? En España tuvo un gran éxito esta adaptación que se fabricó durante tres décadas en la factoría de Valladolid y que contribuyó a que el R4 fuera un auténtico «top» de ventas entre 1964 y 1992.

¿Así sería si volviese a rodar por las carreteras?

Desde sus inicios, el R4 ha sido objeto de versiones «concept», como la que el ingeniero francés Jean Bertin realizó en 1964, convirtiéndolo en un cupé de dos puertas. La conmemoración del 50 aniversario dio lugar a nuevas interpretaciones, como la de la imagen.

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